Cómo ser “Mala” en Quito

Ilustración: Manuel Cabrera.
La rapera española, conocedora de su poder para explorar geografías territoriales y mentales, trajo su "Malamarismo" a Quito, en donde tiene fanáticos desde hace dos décadas.

La noche se prestaba para la “maldad”. Y la Mala Rodríguez lo sabía. Ni bien subió al escenario del Parque Itchimbía hizo que la temperatura aumentara en cuestión de segundos y que el público gritara, cantara y, cuando ella lo pidió, también bailara. Se desató, como dice el título de su tercer disco, el Malamarismo.

La artista nacida en Jeréz, criada en Sevilla, se tomó el mundo a punta de rap desde hace más de veinte años. Conoce su poder (en todo sentido) para explorar geografías territoriales y mentales. Es el modo que escogió  para narrar sus historias, entre melodías y rimas. A veces fuertes, a veces crudas, pero siempre frontales.

Su concierto del 3 de diciembre, en el Quitofest de este año, demostró que la Mala Rodríguez mantiene actualizado el ímpetu con el que inició en su primer disco Lujo Ibérico (2000).

Sus inicios, los primeros 2000

Fotografía: Marco Piza.

Empezó el nuevo milenio y muchas profecías se escuchaban, pero nadie se atrevió a pronosticar que una mujer hispana (y de paso andaluza) ocuparía un lugar relevante en el rap y el hip hop que, hasta ese momento, estaba reservado casi exclusivamente para los hombres. 

El rap, aquel género contestatario y rebelde, de letras ácidas que riman y denuncian una situación, y a veces defienden los derechos de las minorías, nació como un refugio casi sagrado de las tribus urbanas, pero también como un desahogo comunitario. Rodríguez ingresó a ese mundo con seguridad, desde su adolescencia, y encontró su modo de vida, tanto en el arte como en  lo personal.

El mote de “Mala” se lo puso una tía. ¿Por qué? Pasaba jugando fútbol con los chicos de su barrio, La Macarena. Ahí empezó a improvisar y mezclar con ellos; era una más del grupo, en ese entorno afianzó su estilo: frontal, decidido y sin poses. Rodríguez no quería quedarse callada; quería cuestionarlo todo. Aunque admite que lo hacía por curiosidad. 

“¡Todos con las manos en el puto aire!, animó la ‘Mala’, antes de cantar “Tengo un trato”, uno de los temas de sus inicios. Su letra es casi una sentencia de autodeterminación y defensa: 

“A mí no me saques tu genio que te lo mato/Si estás gordo, lo dejo flaco. 

Si estás flaco, tómate algo”.

Y los asistentes repetían el coro:

“Tengo un trato, lo mío pa’ mi saco”. 

Las letras siempre han sido parte de su vida. Admite que escribe desde niña, para primero sacar todo lo que está en su interior, y así encontrarse. El ambiente underground y el rap han sido parte de ella. Cuenta que fue una noche en un bar de Sevilla, durante un festival rapero, cuando exigió subir al escenario. Con diecisiete años, rapeó, rapeó y rapeó, hasta que apareció su “otro yo”.

Con diecinueve años se mudó a Madrid, fue profesora de aeróbicos y camarera en locales nocturnos hasta entrar en contacto con sellos discográficos independientes con los que realizó sus primeros sencillos.

Durante su concierto en Quito, la ‘Mala’ no tuvo necesidad de colocar el micrófono al público, conformado por una mayoría de jóvenes, para que coreen sus temas. La complicidad con su audiencia era apenas el comienzo de “la maldad” que venía.

Fotografía: Marco Piza.

El DJ se empeñó en las mezclas, beats y samples necesarios para que la artista rapeara, rimara o hablara sobre lo que quisiera. Junto a ella, dos bailarinas hicieron las coreografías del show. ¿Sus nombres? Sol y Luna, una mágica casualidad del Universo.

La Mala, Sol y Luna provocaron un eclipse de armonías y fuerza femenina: “¿Quién manda aquí?, ¿Quién? ¿Quién manda aquí? ¿Quién? Sin duda, la ‘Mala’ mandaba. Aquella espontaneidad de bajar al escenario forma parte de su filosofía, pues ha declarado en entrevistas: “¡Haz lo que te dé la puta gana y sé feliz!”.

“Tiempo de ver cómo se levanta la gente”, fue uno de los temas que cantó. Le siguió una fiesta movida con “Aguante”, cuya letra dice que se llevará “to’ (todo) por delante”.

Se puso más atrevida con “Dame bien”, y provocó una explosión en el público que, si bien bailaba, no dejaba de registrar el momento con sus celulares. Mostrar ese lado sensual, a estas alturas, tampoco fue un conflicto interno para la artista, que se acepta a sí misma como es: “te tienes a ti, que te tienes que aceptar, que tu cuerpo no tiene nada de malo”.

Ha sido un proceso gradual, ya que en sus inicios “ser una mujer atrevida era como una condena”. O como dice ella: eso es parte de “mi descubrimiento, el conquistar poco a poco mi erotismo, mi sexo, mi deseo”. 

Dirty bailarines

Luego de experimentar con la travesura de bajar del escenario, la ‘Mala’ invitó al público a subir para un concurso de baile improvisado. Los más ágiles no dudaron; otros se tomaron su tiempo pero subieron y bailaron.

La ‘Mala’ dirigió al DJ para que las seis mujeres y dos hombres del público se lucieran, aunque al final declaró a todos ganadores.

Esa empatía natural la lleva a identificarse con muchos. En su libro Cómo ser Mala, cuenta acerca de experiencias bisexuales. Y ella lo resume todo de una manera sencilla: “no me gusta hablar de que si eres homosexual o lesbiana o lo que sea. Somos seres humanos, y ya. A cada uno le gusta lo que le gusta; sientes amor o deseo, es así de simple”. 

Su principal apoyo “es para la gente que no tiene complejos y que no tiene miedo, que trata de encontrar su felicidad sin hacer daño a nadie”.

Christian Hernández, del canal Activa TV, sostenía durante el concierto un reconocimiento que logró entregarle. “Me gusta su rebeldía, las letras de sus canciones. El flow en su estilo. La escucho desde que tenía trece años”, comentó el veinteañero.

Después los fans cantaron con naturalidad en uno de sus coros: “Si me necesitas llama… por la noche”, el cual incluye efectos de disparos; y la ‘Mala’ usó su brazo como si fuera un arma para dar un “tiro al aire”.

Con “Tambalea” puso a bailar otra vez a todos mientras cantaba la estrofa: “Estudio desde chica la carrera del que manda sentao, todo el mundo sentao”. Lo repitió una vez. Y otra vez. Y sí, otra vez. Hasta que el público, obediente, simuló que se sentaba mientras bailaba.

Fotografía: Marco Piza.

¿Qué mierda eres, Quillo?

Los temas de su disco Bruja (2013) ofrecieron la perspectiva femenina con la que muchos de sus fans la conocieron. Como en ‘Cuando tú me apagas’, cuya lírica describe una relación placentera: “Óyeme… yo quiero contigo. ¡Ven pacá! Haciéndolo rico con intensidad y frecuencia”.

Su compás más rebelde emergió con “33”, una canción alusiva a la edad que tenía cuando la escribió, un rap crudo y duro en el que la ‘Mala’ hace honor a su nombre con la intro: “Que mierda eres. Quillo, en serio, ¿qué mierda eres?”. El resto es casi un himno en donde mezcla protesta social, rabia profunda y aparece la ‘Mala’ más rapera, tanto en la potencia de su voz como en sus movimientos. 

A esas alturas, sus fans ya estaban totalmente envueltos en el “Malamarismo”. Évelyn Gabriela dijo que se convirtió a ese ritmo y líricas porque su mamá escuchaba a la ‘Mala’ desde que ella era niña. “Me gusta el poder que transmite, siempre arriba, su feminidad, es bella”. La chica estaba emocionada.

La noche culminó con “Contigo”, una melodía optimista sobre las relaciones de pareja, en donde el jugueteo de rimas se convierte en un spanglish con acento andaluz: “Me dice ‘Baby, all I want es estar contigo/When you’re not around, me quiero contigo/Todo cambió, is the right feel/ Dime qué hacía antes de estar contigo’”.

Antes de despedirse, la ‘Mala’ Rodríguez rapeó con naturalidad: “Seamos fuertes, tengamos paz en el corazón, y sigamos adelante frente a toda situación”.

Para Sol, una de sus bailarinas, la experiencia de compartir tarima con la ‘Mala’ fue mucho más que empoderamiento: “ella cuenta con una autoestima muy alta y una personalidad impresionante. Y lo mejor es que transmite eso a los demás todo el tiempo”.

Y añadió que antes del show la ‘Mala’ le dijo a su equipo de baile: “hagan lo suyo, yo hago lo mío. Hay que prender a esas personas de afuera”.

¿Cómo ser ‘Mala’ en Quito? ¿O en cualquier ciudad del mundo?  La receta es sencilla, y ella la ha compartido: “Atreviéndote a hacer cosas. Saliendo de los parámetros que nos ponemos o nos ponen. Hay que tener confianza en una misma”.

En realidad, una verdadera ‘Mala’ busca todas las herramientas que le hacen falta para irse a la aventura. Una aventura que ya tiene más de veinte años en escenarios.

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