Los punkis parchaban (se juntaban) en “La zona”, en plena Mariscal, en una pizzería del norte de Quito. Allí se conocieron Erika Recalde y Fabi Ugarte. Invitaron a Karina Clavijo y con Alexandra Recalde completaron la ecuación.
Así surgió La Bestia, una de las primeras bandas de punk conformada por mujeres en Ecuador que, con actitud desafiante hacia la autoridad, la iglesia, la política, el machismo…, incorporaron en su repertorio canciones con un lenguaje directo y calaron en la escena musical subterránea a través de conciertos en las provincias más grandes del país.
El nombre se originó por la voz de Karina Clavijo, “que todas decían que era una bestia”, recuerdan sus integrantes. Montaron canciones, consiguieron grabar un disco y varios videoclips. Otra banda de punk conformada por mujeres, en esos años, fue Juana La Loka.
De las primeras tocadas de La Bestia, sin embargo, han pasado veintidós años. Y hoy, 11 de febrero, la Caja Negra, una casa cultural ubicada atrás de la Asamblea Nacional, se prepara para recibir a bandas y amigos que crecieron en la escena underground capitalina: a los punks, extravagantes todavía, como en los años setenta y ochenta, al estilo de los Sex Pistols, The Clash o grupos femeninos como Patti Smith y Las Vulpess.
Muchos de ellos siguen férreos en mantenerse como un movimiento contracultural, irreverente, aguerrido y sin pelos en la lengua.


Cuerpos tatuados, pelos de colores, botas y faldas cortas se mimetizaban con las paredes de pintadas psicodélicas en cada rincón: el concierto se convirtió en un espacio de libertad femenina. La cámara retrató esa imagen, esas estéticas, de muchas punks dispuestas a corear a quienes las representarían, ya mismo, en la tarima.



Varias bandas telonearon al grupo anfitrión; la gente se animó. Habeas Corpus, Amigos de lo Ajeno, La Escuela, los pioneros del HC-Punk de Quito, Mortal Decisión, y Violenta Vicentina. Esta última, una agrupación en la que también tocan las hermanas Recalde.
Sobre el escenario Violenta Vicentina descargó su energía, a través de los riffs acelerados y el “tupa tupa” de la batería que, en ocasiones, encendió el pogo entre los asistentes.



Y cerca de la medianoche llegó el momento: el reencuentro de La Bestia. Erika y Alexandra Recalde, Karina Clavijo y Fabián Ugarte, a quien antes, cuando empezaba la travesía de la banda, llamaban Fabiola, subieron nuevamente al escenario para festejar, gritar y expresar lo que aún llevan dentro.

Con un derroche musical cargado de pasión, la voz dulce de la vocalista, contrastada con coros guturales, guitarras distorsionadas, un bajo corpulento y la batería simple, pero bien ejecutada, La Bestia despertó.
E hizo lo propio con la nostalgia de los presentes que corearon sus canciones: “Te odio”, “Marionetas”, entre otras de su repertorio.


El disfrute del reencuentro vino acompañado de historias personales de cada integrante. Fabi Ugarte, por ejemplo, dijo, tras bambalinas, que su “historia es simple: estar en un cuerpo que uno no se identifica durante años”, hasta que asumió su identidad de género, lo que siempre fue, y hoy representa con orgullo a la comunidad LGTBI, vive en el extranjero e imparte clases de guitarra electroacústica.
La constancia de Erika Recalde para formar varios grupos de punk y emprender su propio negocio de comida vegetariana, compaginando ambas actividades con su rol de madre, es también destacable.
Alexandra Recalde es madre también, pero vive en Colombia: su creatividad y suspicacia la llevaron a ser diseñadora de ropa y trabajar en proyectos de arte visual.
Y Karina Clavijo, docente y profesional de la música, siempre volcó su espíritu a la creación, a componer e investigar los diferentes sonidos y manifestaciones ligados a la identidad cultural.

Así, luego de siete horas de sonidos estridentes que terminaron con el esperado reencuentro, acabó el concierto. La Bestia quizá nunca fue ni será bella según las normas establecidas, pero nadie puede decir que no se atrevió a escribir su propia historia en la cultura underground de este país. Una historia fantástica y simple. O un cuento de hadas punk y de terror.







