Bagrear

Por una noche fui Olga Tañón

Ilustración: Ariatna.

Era el cumpleaños de mi hermano y le estábamos preparando una fiesta sorpresa. Todos hablábamos de qué se le iba a brindar a los invitados, es decir bocaditos y el plato fuerte.

Éramos solo la familia y un amigo de él, pero la casa estuvo al lleno completo. Fue el 14 de noviembre del 2021.

Tomando las respectivas medidas de seguridad y con la confianza de que ya nos habíamos vacunado, nos aventuramos a celebrarle el cumple. Sacar el estrés por un momento, luego del largo encierro, no pintaba nada mal.

Yo pensaba en el regalo que le iba a dar, pues quería salir de lo habitual: ropa, perfumes, billeteras…

Recordé entonces que, a mi hermano, mayor a mí, siempre le han gustado los payasos.

Estos artistas tienen el trabajo de hacer reír a chicos y grandes y, para ello, tienen que reinventarse. Fotografía: YouTube.

Desde que tengo uso de razón hemos ido a todos los circos -desde los más pipirisnais hasta los más ranfleros- pues según mi ñaño, en donde la entrada no cuesta tanto es donde estos personajes hacen reír más.

Y hacer reír al público debe ser un trabajo complicado y que no a todos les calza. Hice el respectivo contacto y contraté a “Pelotita”. Aunque me confundí de payaso, no estuvo nada mal o así creo que fue.

Llegó la noche y todos ya vestiditos y perfumados salimos a la sala de la casa donde sería la recepción. Los bocadillos empezaron a rodar de un lado a otro y el reguetón que se escuchaba desde el altoparlante hacía lo suyo con los cuerpos más jóvenes.

Le dije a “Pelotita” que llegara a las 20:00. Yo estaba nerviosa pues mi hermano ni se imaginaba lo que le iba a regalar: al payaso, bueno su show.

Estaba pendiente de la puerta hasta que vi su carro -inconfundible- pintado con publicidad alusiva a su trabajo. Salí a encontrarlo y me dijo que esperaba a su asistente. En cuestión de minutos todo estaba listo.

Y con ustedes “Pelotita”

Mi pregunta era ¿y ahora cómo paro el baile y llamo la atención de todos? Me tocó elevar la voz y decirles que por favor tomaran asiento. A mí no me sale lo de maestra de ceremonias, pero me tocó improvisar.

Les dije -arrimada a la puerta de entrada- que a mi hermano siempre le han encantado los payasos y que nunca ha discriminado a ningún circo; eso es lo que recuerdo desde pequeña y él mantiene esa esencia.

Mientras hablaba todos me miraban con cara de desconcierto. Continué: Todos llevamos un niño por dentro y es bueno dejarlo salir y reír.

Acoté: “Naño esto es para ti”. Pero “Pelotita” no entraba, pues cual prestidigitador, necesitaba sus herramientas de trabajo.

Finalmente ingresó y el solo hecho de verlo en medio de la sala, ya los invitados y, por supuesto mi hermano, empezaron a reír, y eso que el payaso solo saludó, el show ni empezaba.

Tuve mucho cuidado en seleccionarlo, pues hay muchos de estos artistas que hacen el show en detrimento de algún invitado, es decir “lo agarran de su puerquito”.

“Pelotita”, en cambio, incentivó a los asistentes a participar en sus juegos; todos estaban animados y reían, y eso me llenaba de satisfacción.

Hombres y mujeres, chicos y grandes concursaron, pero jamás me pasó por la cabeza que yo también llevaría mí parte, ya que fui la que lo contrató.

Se viene el show

“Pelotita” dijo al público que elijan a tres mujeres para un concurso y estos ni cortos ni perezosos me señalaron. Acepté pues qué podía perder si estábamos en familia.

Cuando el payaso indicó que teníamos que interpretar a Sharon “La Hechicera”, Shakira y Olga Tañón pensé: en que me metí.

Ninguna de las participantes empezaba a actuar y ya la gente reía a carcajadas. Yo fui la última y pues la vergüenza se hizo presente. Como decía el doctor Chapatín: me dio ñañaras.

Pero bueno todo sea por mi hermano. El payaso anunció: Y ahora con ustedes… Olga Tañón. Y salgo yo bailando y cantando (hacía mímica) Es mentiroso.

Caminaba y bailaba de un lado a otro y pues me tocó hacer todo ese performance como si de verdad estaba en un escenario.

Incentivé al público a aplaudir; todos lo hacían y reían. Yo sentía que mi cara parecía un tomate de lo roja que estaba. Pero fui agarrando confianza y personificando a la puertorriqueña.

Después del espectáculo -entiéndase bochornoso- el payaso me preguntó o más bien le preguntó a Olga Tañón que cómo la recibieron en el aeropuerto.

Ella: “Pues chico muy bien; mucha gente fue a recibilme (acento puertorriqueño); estoy muy agradecida…”, y los invitados riéndose a costillas mía.

Ese momento no solo quedó plasmado en fotos sino en un video, pues graciosamente mi sobrina transmitió en vivo por Facebook. Así que mi ridículo se hizo público.