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Susana Morán: “El periodismo ético lo es, hasta con las fuentes criminales”

Ilustración: Rafaela Briceño.

Para Susana Morán es importante que el periodista sea ético con todas sus fuentes, incluso con las criminales porque cuando estas tienen expectativas y leen algo distinto a lo que esperan, se sienten engañadas y pueden amenazar.

Redacción Bagre

Quito - 13 Ene 2026

—¿Tú crees que puedes tomarte una cerveza con una fuente? Posiblemente sí, pero hacerlo puede derivar en que te acuestes con esa fuente, y no hablo de acostarse en un contexto sexual, sino en términos de amistad o de cercanía. ¿Conclusión? No puedes. 

Con esta reflexión, Susana Morán, presidenta de la fundación Periodistas sin Cadenas y periodista de investigación de larga trayectoria, ilustra la enseñanza que le dejó uno de los periodistas que participó en la filtración de los Panama Papers, de ahí que parafrasee a su colega y deje claro que hay líneas rojas que los periodistas no deben cruzar.  

No somos amigos de las fuentes, es decir, tenemos que saber muy bien cuál es nuestra posición —menciona Morán, cuya labor profesional se traduce en varios reconocimientos: Premio Reyes de España 2025, finalista en los premios Gabo 2019 y tres veces ganadora del premio Mantilla. 

El caso Pandora Papers, más conocido como Panama Papers, es un trabajo de investigación realizado en 2017, en el que más de trescientos cincuenta periodistas de 76 países revelaron la existencia de una red de corrupción financiera global que expuso la riqueza oculta, la elusión fiscal y, en algunos casos, el lavado de dinero de algunas de las personas más ricas y poderosas del mundo.   

Morán sostiene que es imprescindible saber cuál es el papel del periodista en la relación profesional que establece con sus fuentes. 

En ese sentido, pone como ejemplo un caso que conoce bastante de cerca, el de los periodistas del medio salvadoreño El Faro, cuyas fuentes permitieron descubrir los pactos que tenían las pandillas con los gobiernos de turno. 

—Sus fuentes eran precisamente las pandillas y eso no significó, sin embargo, que los periodistas de El Faro dejaran de denunciar los delitos que estas cometieron ni sus negociaciones con el Estado —destaca. 

Morán no desdeña de estas fuentes, al contrario, considera que son importantes porque además de que nutren de información valiosa las investigaciones, pueden proporcionar datos delicados sobre otros casos.   

Como conocedora de los intríngulis del periodismo de investigación, la también presidenta de Periodistas sin Cadenas ha hecho de los maestros del género sus referentes, por ello cita a la colombiana María Teresa Ronderos, de quien aprendió en un taller sobre seguridad para periodistas que desde el principio hay que ser claros y sinceros con las fuentes, incluso con aquellas que pertenecen a bandas criminales

—¿Qué quiere decir Ronderos con esto? Que los criminales deben saber que la entrevista será parte de una investigación, no un blanqueamiento de su imagen, y que todo lo que digan va a ser contrastado —señala Morán. 

Agrega además que el periodista debe ser ético con todas las fuentes, incluidas las fuentes criminales porque cuando estas tienen expectativas y luego leen algo distinto a lo que esperan, se sienten engañadas y pueden empezar a amenazar.

susana moran periodistas sin cadena

 —Obviamente, no se puede descartar ningún riesgo, pero ser éticos con todos, desde el primer momento, también es una medida de seguridad —matiza. 

Como periodista prominente en el campo de la investigación, Morán ha visto de cerca los cambios experimentados por Ecuador en temas de seguridad, de ahí que invite a la academia a que elabore guías de prevención para que las  generaciones de periodistas actuales y futuras no se sorprendan cuando terminen la carrera e ingresen al escarpado campo de la investigación periodística. 

Revista Bagre conversó con la galardonada reportera —hoy sumergida en la protección de los derechos de los periodistas— sobre la primicia, la desinformación, el trabajo colaborativo y la estigmatización de la labor periodística.

¿Qué responsabilidades éticas, narrativas y legales tiene el periodismo frente a la cobertura de casos de corrupción como Metástasis, y cómo debería actuar para no reforzar lógicas de impunidad o desinformación?

No quisiera referirme a un caso en particular, pero sí puedo decir, en líneas generales, qué es lo deseable o lo éticamente esperable en el periodismo, y más aún cuando uno va a abordar casos relacionados con el crimen organizado, donde hay actores con mucho poder que tienen intereses sobre lo que se dice o no, sumado al hecho de que pueden intimidar, amenazar o incluso atentar contra tu vida

Metástasis es una investigación judicial divulgada en 2023 que pone al descubierto la infiltración del narcotráfico y la corrupción en las esferas más altas del sistema judicial, involucrando a fiscales, jueces, policías, políticos y abogados.

No es lo mismo, por ejemplo, hablar con un político que está lejos del crimen organizado que hablar con un político que tiene esos vínculos y además el poder para perseguir, si quisiera, a un periodista, pero digamos que los poderes en general, tanto el de los políticos como el de los criminales o los económicos, siempre van a tener interés en que toda la información alrededor de ellos sea de su conveniencia y no afecte sus actividades, sobre todo si estas se encuentran reñidas con la ley.

En el caso Metástasis, para no irnos lejos, Mayra Salazar era un contacto en la judicatura de muchos periodistas que cubrían crímenes y otros temas judiciales, y nadie sabía que era parte de lo que fue Metástasis al hacer las veces de vocera y de relacionista pública del crimen organizado. 

En el caso hipotético de que algún periodista cruzara la línea pudo haberse expuesto porque ella respondía a los intereses de poderes criminales de muy alto perfil. Este hecho causó conmoción en el sector periodístico porque todos creíamos que era una funcionaria más de la judicatura que cumplía su trabajo, pero lo que hacía, con esa forma amable de tratar, era responder a intereses oscuros que ella mismo reconoció y por los que ya cumplió su pena.

Traigo este caso a colación porque uno a veces sin siquiera saber en qué terreno se está metiendo puede romper estas barreras. 

En el caso de Mayra Salazar no conocíamos sus relaciones profundas con el crimen organizado, pero cuando los periodistas vamos con conciencia a entrevistar a una persona que está condenada, sentenciada o que es buscada por la policía, tenemos que saber en qué terreno nos estamos metiendo.

Esas conversaciones que puedan dar a entender que somos hermanos, que somos  amigos, que somos compadres, aunque tú no las quieras o no estés jugando ese juego, van a ser asimiladas por la fuente como que tiene cierta confianza contigo y, por tanto, algo va a querer después porque siempre tienen intereses y eso es lo más importante para ellas. 

periodistas sin cadenas

¿Cómo debe actuar el periodismo digital frente a casos de alto impacto público, cuando la presión informativa se enfrenta con la necesidad de precisión y de profundidad, y como pueden el trabajo periodístico, el uso estratégico de las plataformas digitales y los enfoques narrativos aportar a una cobertura rigurosa, crítica y de alto impacto público en casos de corrupción a gran escala?

Depende de la naturaleza del medio. Hay medios que son generalistas, de mucha coyuntura, entonces elaboran las noticias diarias y en el día pueden suceder treinta hechos, de manera que los periodistas deben elaborar noticias de esos treinta acontecimientos, lo cual para mí es respetable porque es un periodismo que necesita hacer registro de todo lo que acontece y eso nos permite a los periodistas que vamos en otro ritmo, que hacemos investigación, ordenar ciertas cosas, ponerlas en contexto, y empezar a encontrar datos y nueva información.

Entonces, para mí el que uno haga periodismo de registro, del día a día, y el otro haga periodismo de profundidad, es válido porque los dos son necesarios; sin embargo, tanto el periodismo de registro como el periodismo de profundidad tienen que cumplir con estándares mínimos relacionados con la verificación de los hechos, que es lo mínimo que se espera en cualquier nota. 

Yo no puedo decir que Daniel Noboa viajó a Brasil si no lo ha hecho. Esa mínima verificación es lo que yo esperaría en una noticia del día a día. Por otro lado, hay noticias en las que a veces se presentan ataques de lado y lado, como por ejemplo que tal político contrató a su primo con fondos públicos para hacer fiestas. Evidentemente, allí uno lo mínimo que espera es que el periodista recoja las denuncias pero que también contraste la información con la persona denunciada.

En el caso de las investigaciones, si uno como periodista quiere denunciar en el medio para el que trabaja un tema que considera importante, de interés público y que está revelando algo de gran impacto, no solamente tiene que cumplir con los pasos mínimos, sino ir más allá, como hacer trabajo de minería de datos, revisar documentos —que pueden ser muchos—, realizar  entrevistas. Entonces, el periodismo digital que se está haciendo en redes es bueno, pero, por otro lado, hay plataformas que se disfrazan de periodismo y lo que están haciendo es propaganda, no sólo para el lado oficialista, sino también para el lado opositor.

Hemos visto el surgimiento de cuentas en redes sociales que se ponen nombres de medios o que simulan ser medios, y es ahí donde empieza a borrarse la frontera para las audiencias que no distinguen entre quienes sí están haciendo un trabajo periodístico profesional y quienes no lo hacen.

Si bien las plataformas han sido un impulso muy grande para hacer más y mejor periodismo, desde la entrada de internet y desde la llegada de las redes sociales hay otro sector que está interesado en hacer todo lo contrario a lo que es periodismo y eso es, básicamente, propaganda y desinformación, muchas veces con intereses políticos o intereses criminales y eso está circulando al mismo tiempo que las noticias verificadas, con el agravante de que como del otro lado hay más poder —político, criminal y económico— la batalla se torna desigual. 

En definitiva, estamos dos bandos confluyendo en este entorno digital en un mundo en donde la información es abundante y sobrecarga a los lectores y a los usuarios de las redes sociales. Si bien antes el periodismo significaba una inversión de capitales grandes para tener un canal de televisión, una radio o un diario impreso, tú sabías quiénes estaban detrás, quiénes eran sus dueños, quiénes eran los periodistas, qué hacían, qué no hacían y sus errores, o sea, la comunidad podía identificar plenamente el trabajo de un medio de comunicación tradicional.

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¿Qué desafíos enfrenta el periodismo ecuatoriano frente al poder político y criminal, y qué estrategias podrían fortalecer su rol fiscalizador y su legitimidad social en el actual contexto democrático?

La sociedad nos ha llegado a ver como enemigos y con desconfianza, y esto se debe al desprestigio y a la estigmatización constante que ha existido y persistido durante los últimos 15 años contra el periodismo. 

Es claro que en el imaginario colectivo, los periodistas que hacen su trabajo en las calles, sobre todo en momentos de alta conmoción política, como paros o manifestaciones, son el enemigo al que hay que agredir porque pueden decir una o más cosas sobre mí, o mi comunidad o mi movimiento. Comprendamos que uno de los principales desafíos que tenemos los periodistas es revertir esta situación para que los ciudadanos confíen en la prensa libre. 

Cuando inicié mi trabajo como periodista, decir que trabajabas en un medio te daba reputación, legitimidad, incluso tu familia se sentía orgullosa de que estuvieras en un medio con un nombre, con una marca. Y ahora debes ir a  las manifestaciones sin mostrar logos ni decir nada porque te pueden apedrear o quitar los equipos. Esta campaña ha hecho muchísimo daño a los periodistas y ha sido usada por todos los gobiernos en los últimos 15 años.  Yo no digo que toda la culpa es de quien inició esto, aunque sabía su objetivo y lo consiguió, porque los que vinieron después también han usado el estigma para generalizar. No niego que pueda haber sectores de nuestro medio cuyos intereses son poco transparentes, pero el problema es la generalización, nos colocan a absolutamente todos los periodistas en el mismo saco y eso pone en riesgo a todo el mundo: a los periodistas digitales, a los de radio, televisión, a los nuevos periodistas, a los comunitarios, a los tradicionales, a hombres, a mujeres, absolutamente a todo el mundo. 

Este fenómeno no es exclusivo de Ecuador porque colegas de toda América Latina con gobiernos de corte autoritario, sean de izquierda o de derecha, son  vistos como los enemigos del pueblo, lo que está provocando exilios masivos, asesinatos de periodistas, agresiones colectivas, campañas de desprestigio, y en medio de todo esto los más débiles son los periodistas de a pie locales y comunitarios que están en las zonas de alta conflictividad totalmente desprotegidos y vulnerables. Entonces, ¿cómo lograr que la ciudadanía pueda volver a confiar en la prensa? La prensa es una pata de la mesa llamada democracia, y sin una prensa libre y robusta es casi imposible que tengamos democracias fortalecidas que permitan a los ciudadanos decidir sobre su futuro.

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Estamos en un momento en el que tenemos que seguir las experiencias de nuestros colegas de afuera cuyos países han vivido mucha violencia —como Colombia y México— y que han visto en el trabajo colaborativo entre medios y periodistas una forma naturalizada de trabajar en los medios de comunicación. Esas colaboraciones pueden darse en algunos niveles, no solamente para hacer investigaciones, denuncias o publicar algún tema de interés que pueda golpear muchos poderes, sino también para pronunciarse a favor o en contra de graves agresiones contra periodistas, exigir derechos, entrenar a los periodistas en temas de seguridad, ofrecer —si es que un medio tiene expertise en algo— cierta información o conocimientos que puedan ayudar de alguna manera.

Estamos en un punto en que como periodistas tenemos que aprender mucho sobre nuestros colegas que han pasado por esto desde hace décadas, y ser humildes, reconocer que no siempre vamos a poder hacerlo todo individualmente,  sino que las acciones en conjunto, tanto para protegernos como para denunciar o para seguir haciendo periodismo, deben ser parte de la forma de actuar en adelante.

Como parte de la fundación Periodistas sin Cadenas ofrecimos hace un par de años un taller en la ciudad de Tulcán en donde algunos periodistas, los de Ipiales, nos contaban que entendieron desde hace mucho tiempo que ya no es prioridad la chiva —así le llaman en lenguaje coloquial a la primicia en Colombia— porque sacar información exclusiva para dar un golpe a la competencia puede traer problemas al medio y al periodista debido a la inmediatez y a la exposición a la que ambos se ven sometidos.  

La primicia no permite realizar todas las verificaciones necesarias para que la información salga al aire, pero por otro lado el publicar información que pueda golpear a grandes poderes criminales y políticos coloca al periodista en una situación de mucha vulnerabilidad, por eso los periodistas del taller de Tulcán preferían ir en grupo a las coberturas cuando, por ejemplo, debían cubrir temas relacionados con el conflicto armado colombiano o con las FARC. A nadie se le ocurría quedarse ahí para hacer una “preguntita más”, por eso tenían una suerte de pacto sagrado en el sentido de que todos recogían la misma información y todos salían con los mismos datos.

En México, por ejemplo, la paciencia y la sensatez ahora forman parte de las cualidades que han debido desarrollar los periodistas. 

En el libro El Traidor, la periodista mexicana Anabel Hernández destapa varias de las tramas urdidas entre el poder y los narcos. 

Hernández publicó su libro diez años después de haber obtenido información sobre las bandas del narcotráfico porque asumió con ética la responsabilidad de proteger a su fuente y porque así evitaba que los procesos judiciales en contra del máximo líder del Cártel de Sinaloa, Ismael "El Mayo" Zambada, se cayeran.

Cuando hablamos de periodismo o de periodistas o de situaciones de riesgo para periodistas, estamos abordando muchas cosas al mismo tiempo, y eso incluye a otros actores, como la academia, la sociedad civil y la ciudadanía en general. 

El contexto cambió de la noche a la mañana, recién nos estamos preparando en temas de seguridad, en análisis de riesgos, y esto debería ser parte de la cátedra de las universidades que están formando a los nuevos periodistas.

Esta inseguridad no es una cosa que se va a acabar mañana o que va a cambiar con el siguiente gobierno. Lamentablemente, es algo que ha llegado para tocar las raíces de nuestra sociedad. Las cosas quizá se recompongan medianamente dentro de algunos años, si es que hay decisión política, de lo contrario pueden empeorar.

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