Hablar con Arturo Torres sobre periodismo de investigación es sumergirse en un mar de datos y referencias.
Su aproximación a la noticia no es un ejercicio de improvisación, sino un proceso meticuloso en el que pondera el método.
—Yo no rompo la ley para obtener información. No hago nada por debajo, no recibo informes filtrados ilegalmente. Tengo un método de trabajo que me lleva a conseguir información respetando la ley —manifiesta Torres.
Su bagaje periodístico está dado por los largos años que lleva ejerciendo la profesión y por las colaboraciones que ha realizado para medios internacionales, de ahí que ponga en práctica una máxima del periodismo que le permite ser más eficiente: el 50% del éxito de un proyecto periodístico está en la planificación.
—Esa primera etapa es fundamental porque allí se define si puedes entrar en la investigación o vas a desperdiciar tu tiempo —matiza.
En su trajinar periodístico ha aprendido a cuidarse, y aunque siempre hay riesgos —aclara— sigue un protocolo de seguridad que ha hecho suyo y que va ajustando según el nivel de peligro que encuentra en cada una de sus investigaciones.
—No hay historia que supere el valor de una vida, la del equipo, la de las fuentes, la de las personas en general —reflexiona.
Fundador y director del portal de investigación Código Vidrio, miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), y ganador de varios premios por sus profundas y reveladoras investigaciones, Torres concedió una entrevista a la revista Bagre en la que compartió algunas reflexiones sobre el periodismo investigativo y demarcó los hitos que dividen a la información de la apología, la desinformación y las interpretaciones.

¿Qué responsabilidades éticas, narrativas y legales tiene el periodismo frente a la cobertura de casos de corrupción como Metástasis, y cómo debería actuar para no reforzar lógicas de impunidad o desinformación?
Creo que lo más importante es volver a una cosa esencial y es que los hechos son sagrados. O sea, nosotros, los periodistas, somos esclavos de los hechos, no de las opiniones ni de las interpretaciones.
Metástasis es una investigación judicial divulgada en 2023 que pone al descubierto la infiltración del narcotráfico y la corrupción en las esferas más altas del sistema judicial, involucrando a fiscales, jueces, policías, políticos y abogados.
Con el surgimiento de las redes sociales, los generadores de contenido —creadores de contenido, les llaman ahora— se presentan como periodistas, pero no lo son, y estamos viviendo tiempos en que la gente confunde a influencers con periodistas, a pesar de que los primeros nunca se han formado ni tienen ninguna experiencia como para informar de una manera equilibrada, contrastada y sólida temas de interés público.
Creo que en medio de toda esta vorágine que hemos vivido, con la llegada de estos meteoritos llamados internet y redes sociales, hay mucha confusión sobre el papel del periodista en un entorno de violencia, pero sobre todo de narcotráfico y de corrupción.
En cuanto a esta persona que está generando contenido, debo decir que trabaja con métodos muy poco convencionales, como darle demasiada importancia a la versión de un narcotraficante, haciéndole el juego al crimen organizado.
Mientras el periodista está contrastando la información, el creador de contenido sigue la agenda que está detrás de él. ¿Quién financia al periodista? Ese es otro tema que debe importarnos, el financiamiento de los medios, ¿cómo nos financiamos, de qué vivimos?
Estas son explicaciones que debemos dar cuando la gente tiene oscuridad y confusión sobre el rol de los periodistas y de los medios de comunicación.
Entonces, volviendo a la idea inicial de ¿cómo el periodista puede hacer su trabajo de una manera en la cual muestra una historia sólida que se apegue a los hechos? A través del método, que es el pilar de todo para mí.
Vuelvo al principio de la ética porque la reflexión me ayuda a encontrarle sentido a lo que hago. ¿Por qué hago esto? Porque quiero que mejore la situación de la gente.

En los últimos años en Código Vidrio —medio fundado por Torres y su esposa, María Belén Arroyo, periodista también de Vistazo— decidimos no recibir financiamiento de gobiernos, de modo que nos sostenemos con postulaciones a proyectos, a ONG y, en mi caso, con ingresos que recibo como free lance de medios internacionales.
Es importante ser éticos y legales en la forma en que obtengo la información. Yo no rompo la ley para obtenerla. No hago nada por debajo, no recibo informes filtrados ilegalmente.
Es cierto que cuando los periodistas recién empezamos, queremos brillar, deseamos contar una buena historia, anhelamos que nuestro trabajo sea el mejor, eso lo he vivido yo también en la parte inicial de mi carrera, pero tengo más de 30 años de experiencia en este oficio y fui aprendiendo a encontrarle sentido a lo que hago.
Eso ha sido lo que me ha ayudado a ser más riguroso en los procedimientos porque cada historia exige. No tienes un manual que te diga cómo resolver los problemas que encuentras en cada historia. Hay unos temas éticos, por ejemplo, que se van presentando. Y si yo tengo un dato que no está lo suficientemente confirmado, por tres o cuatro fuentes, no lo publico.
El tema de la humildad también es importante. Debemos entender las limitaciones que tenemos como seres humanos para abarcar todo el conocimiento, lo que debe llevarnos a conseguir información de muchas fuentes para tratar de acercarnos a la realidad.
Ese principio de humildad, conociendo las limitaciones, me ha ayudado a acercarme mucho más al método de investigación periodística.
El método, ese sí es 2 + 2 son 4, es decir, el método me obliga a no ser sesgado, porque tenemos emociones, tenemos afinidades, nos gustan ciertos personajes, nos gustan ciertas historias, pero el método te dice esta es tu hipótesis y tienes que confirmar todo con hechos. ¿Cuáles son las pruebas que tiene el caso? ¿Cuántas veces has verificado? ¿Estás haciendo un fact checking? ¿Estás dándoles a todas las fuentes la voz que necesitan?
Se trata también de un ejercicio de desapego del sesgo natural que tenemos los seres humanos, y del método —en este caso el deductivo—, que es fundamental y que he ido trabajando por muchos años, pero además aprendo todo el tiempo.

Sigo siendo reportero, nunca he dejado de serlo, aunque por cuestiones de la vida dirija Código Vidrio, pero lo que más me llena es estar en las calles, conversar con las fuentes, tratar de entender qué es lo que está pasando y poder mostrar una historia que sea sólida y no la que yo quiero.
Trabajar sobre los hechos de una manera rigurosa es lo realmente esencial, y que luego vengan las opiniones y las interpretaciones, que para mí no son importantes.
Periodísticamente para mí lo más relevante es poder contar una historia que tenga evidencia, que sea sólida y que sea lo más cercana a lo que ocurrió. Eso es mucho más importante que opinar e interpretar. Las opiniones y las interpretaciones vienen luego, y eso también es un factor que ha contaminado mucho el mundo periodístico.
Se les da demasiado peso a las opiniones y a las interpretaciones. Creo que es una gran oportunidad para los que hacemos periodismo acercarnos a esto que es tradicional, que es un periodismo que se hizo desde hace décadas, que se fue puliendo y al que los medios más grandes, en todos los países, siguen apostándole.
Evidentemente, es muy duro hacer periodismo cuando tienes que ser muy riguroso, porque te cuesta mucho más debido al tiempo que te exige y a los pocos recursos que los proyectos te ofrecen. Ahora hay poco financiamiento para los emprendimientos de los medios digitales pequeños. Estos elementos vuelven complicada la operación, pero a la vez la convierten en un gran reto para quienes sentimos que con nuestro trabajo aportamos a la comunidad.
Quiero destacar que he aprendido más de este oficio porque he trabajado con mujeres. Primero con mi esposa en algunos proyectos y luego con otras colegas de medios internacionales, como el Washington Post o el Sunday Times. Las mujeres tienen mayor tenacidad y son de mente más estratégica.

Hay unas cualidades que los hombres no tenemos y las mujeres sí, y al revés, pero una de las cualidades que yo he aprendido de las mujeres y que me ha ayudado muchísimo en este oficio es la tenacidad, además de la intuición y la paciencia; en cambio, los hombres, por un tema antropológico quizá —como cazadores debíamos salir a buscar la presa— no desarrollamos la paciencia. La mujer sí porque debía ser más planificadora, más estratega, y mejor administradora.
Los hombres nos hemos convencido de que ya hemos hecho un gran trabajo y esa es parte de una ideología patriarcal. Es decir, de las mujeres he aprendido cosas muy puntuales, muy finas, que no te enseñan en la universidad ni en ningún lado. A las mujeres no se las envía a ciertos lugares porque “es muy peligroso”, pero lo que necesitan es tener un buen protocolo de seguridad. No importa si eres hombre, mides dos metros y sabes de defensa, si no tienes un protocolo. El ser hombre o ser mujer no hace la diferencia, sino el método y el protocolo que apliques en situaciones de riesgo. Creo que todas esas cosas no han sido repensadas ni debatidas.
Trabajé con tres o cuatro medios de afuera que me compartieron su protocolo de seguridad, porque estuve con ellos en mi terreno. No tenían las fuentes, yo sí, pero contaban con el conocimiento y una perspectiva más global de la penetración del narcotráfico en Ecuador. Trabajando con ellos empezaron a compartirme sus reglas.

Por ejemplo, el 50% del éxito de un proyecto periodístico está en la planificación, en cómo consigues las fuentes, cuáles son las limitaciones, cómo vas a llegar a esa información, puedes o no conseguirla. Esa primera parte es fundamental porque define si es que puedes entrar en esa investigación o vas a desperdiciar tu tiempo.
El tema del riesgo, del peligro ante una revelación, también se define en esta primera etapa porque suelen presentarse demonios en la historia, y la decisión de seguir no se toma en el momento en que estos diablos aparecen sino antes.
¿Voy a encontrar muchas cosas feas en esta historia? ¿La vamos a publicar? ¿Cómo la vamos a publicar? ¿En qué condiciones la vamos a publicar? ¿Con qué protocolos? ¿Qué seguridades vamos a tener? ¿Vamos a firmar o no la nota? ¿Vamos a publicarla en este portal o vamos a buscar una alianza que permita que la historia se conozca?
Esto me lleva a reflexionar sobre la frase “no hay historia que supere el valor de una vida”, no hay historia que sea tan importante como la vida de cualquiera, ya sea del equipo, de las fuentes o de las personas en general.
Todos esos factores te ayudan a entender la dimensión humana de este oficio, humana pero también de empatía y de preocupación por los otros.
Ya en el plano práctico: ¿Qué opina del abordaje que Ándersson Boscán le dio al caso Metástasis y qué opinión le merece la relación entre Boscán y Norero?
Ándersson Boscán es un periodista de origen venezolano-ecuatoriano, cofundador del medio digital La Posta, que difundió las investigaciones del caso Metástasis. Leandro Norero, conocido como "El Patrón", fue un influyente narcotraficante y financista de bandas criminales. Tras su muerte, la Fiscalía descubrió en sus celulares miles de chats que revelaron el Caso Metástasis.
Yo la verdad es que no me considero para nada infalible. Creo que todos cometemos errores, y por lo tanto tampoco puedo estar en condición de opinar sobre si está bien o está mal lo que hizo.
Lo que sí puedo decir es que si analizas el reportaje de las cárceles en el año 2022, cuando entrevistan a Norero, notas que la única fuente es él, y la fuente es un narcotraficante que además está prófugo.
Ahí tienes dos factores: una fuente no vale lo que dice, sino lo que puede probar. Y una fuente es un puntito en un cuadro enorme que tienes que contrastar para saber si lo que te dijo el puntito es verdad, porque el puntito se ve negro, pero cuando ves todos los puntos de la pintura resulta que son multicolores y polifacéticos.

En resumen, esa sola fuente no es ninguna, sino una apología. Hemos hecho trabajos en los que he entrevistado también a gente de bandas, y sí, por supuesto, son una fuente, pero no se trata sólo de lo que él me dice, sino de lo que yo puedo contrastar con tres, cuatro o cinco fuentes de otros organismos, como políticos, policía, militares, lugareños.
Este ejercicio de contrastación no existe en estos reportajes, y yo no le doy protagonismo a ninguna de mis fuentes, no son ellas las importantes. Este tema es fundamental porque el método te lleva también siempre hacia allá, es decir, tienes que tratar de abarcar la mayor cantidad de fuentes posibles, mínimo tres o cuatro.
En este reportaje, lastimosamente, una fuente es la que proporciona toda la información, y además se le da un espacio enorme sin dudar de nada de lo que dice. Y segundo, ni siquiera hay contrastación.
Este periodismo de una fuente es de hace 50 o 60 años en el Ecuador, lo que pasa es que acá es presentado en el formato video y con la espectacularización de la exclusiva. Eso no es periodismo, periodismo es, como decía antes, un ejercicio en el cual buscamos llegar a la verdad porque todas las fuentes tienen un sesgo y un interés.
Cuando uno ve un documental, un reportaje o una nota en los que hay una sola fuente, que es la que prima y la que da los direccionamientos, no estamos hablando de periodismo sino de publicidad. En este caso no veo método en la parte periodística ni contrastación ni verificación, y en la parte ética yo no me vuelvo amigo del miembro de la banda.
Recordemos que los periodistas somos el mensajero, y el mensajero no es importante, lo que importa es la historia.
Claramente acá se ve que se pasó un límite, que se vuelve amigo para obtener más información, y eso es peligroso porque uno se condiciona.
¿Qué desafíos enfrenta el periodismo ecuatoriano frente al poder político y criminal, y qué estrategias podrían fortalecer su rol fiscalizador y su legitimidad social en el actual contexto democrático?
Nadie te enseña en las redacciones ni en las universidades estas cosas, las vas viviendo en el camino, pero una vez que haces el aprendizaje ya sabes más o menos que no puedes recibir un favor de una fuente ni volverte su vocero ni su amigo. Las fuentes deben saber que nos dan información de interés público que no nos pertenece a nosotros sino a la comunidad.
He visto la publicación o la filtración de informes reservados de indagaciones previas, como el caso León de Troya, que ahora nuevamente vuelve a la palestra porque se está investigando y citan a la excomandante de la Policía, Tanya Varela, por la entrega de información confidencial.
El caso León de Troya es una investigación judicial que vincula a altos mandos policiales y figuras cercanas al poder político con redes de narcotráfico y la mafia albanesa.
Los periodistas sabemos que no podemos publicar indagaciones previas, eso es violar la ley. La indagación previa es algo que no ha sido confirmado y que se está investigando para ver si es cierto una denuncia inicial que existe sobre el caso.
Entonces, como el periodista basurero no sigue el método periodístico, es decir no contrasta ni verifica, le riegan esa basura.
Yo puedo tener la exclusiva más grande del mundo con una indagación previa, pero no la puedo publicar hasta que un fiscal encuentre los suficientes elementos para formalizar un proceso.

Los periodistas no tenemos ninguna corona, somos ciudadanos igual que todos, tenemos que cumplir la ley, es decir, tenemos que acceder a información de una manera ética y legal. No podemos violentar la ley en nombre de la libertad de expresión. Ese también es un debate.
A veces se han filtrado casos que son excepcionales y que de la única forma como pudieron conocerse —los Papeles del Pentágono, por ejemplo— fue a través de los medios, pero en el caso concreto de un proceso judicial, de una indagación previa, los periodistas sabemos que no podemos publicar.
Ese es un delito que no puede ser cobijado por el paraguas de la libertad de expresión porque, además, no puedo publicar información que haya obtenido de manera ilegal.
Los Papeles del Pentágono fueron un estudio secreto del Departamento de Defensa que demostró que el gobierno de Estados Unidos había mentido sistemáticamente sobre el alcance y los objetivos de la guerra de Vietnam.
Podemos tener una bomba periodística, pero no podemos difundirla si ha sido obtenida de una manera ilegal o antiética. Nosotros defendemos la legalidad, la ley, la Constitución y el Estado de derecho, porque los periodistas somos también parte de ese esquema y no podemos romperlo en nombre de nuestro trabajo.
Protocolo de seguridad para periodistas de investigación
El tema del riesgo en una cobertura se define en la primera etapa, es decir en la planificación, debido a que suelen presentarse demonios en el trabajo periodístico.
Nivel 1: No tienes problemas, no existen grandes peligros.
Nivel 2: Hay cierto peligro, por tanto debes tomar ciertas precauciones, como no detenerte en sitios donde se han registrado, últimamente, balaceras, crímenes o secuestros.
Nivel 3: No puedes ir solo. Para llegar al sitio tienes que ir por lo menos con el fotógrafo y un compañero. Tu compañero no llegará hasta el sitio donde debes establecer contacto con la fuente, sólo deberá observar a lo lejos lo que está pasando a tu alrededor.
Nivel 4: Deberás informar permanentemente a dónde irás al equipo que está en la oficina y activar la ubicación de tu teléfono. Además, debes tener constante comunicación con un contacto de la zona. Ya en el lugar, tienes que llegar con un dirigente de la comunidad o con una persona del sector, no como un extraño o como un reportero desprevenido que llame la atención. En este nivel tiene que estar también, además del fotógrafo, otro compañero.
Nivel 5: No puedes entrar al sitio. No hay forma de hacer reportería.
Es importante tener información sobre el sitio al que iremos (los riesgos que puedan presentarse) y números de emergencia de policías, militares, autoridades locales, dirigentes comunales o vecinos de la zona. Debes considerar que en las condiciones actuales, algunos miembros de la policía pueden estar contaminados, de modo que es importante tener cuidado al pedir ayuda. El protocolo tiene que ver con información que te permita tomar decisiones y actuar, reduciendo al máximo el riesgo. (Fuente: Arturo Torres).



