Atractivo especial
Buenos días chicas, mi nombre es Alexa, y tengo 25 años.
Soy periodista y quisiera contarles mi historia para que no repitan el mismo patrón que yo viví, salgan a tiempo y, sobre todo, no mendigues amor.
Antes que nada muchas gracias por invitarme a este pódcast.
Mi historia empieza hace aproximadamente siete años. Conocí a Marcelo en una aplicación, específicamente en Tinder.
Cuando vi su foto me pareció simpático. Tenía un atractivo especial y no voy a negar que me generó cosas, por eso le mandé un match esperando que me respondiera y cuando lo hizo fue muy bonito.
Claro que inmediatamente sentí que no era alguien para tomar en serio, pero aun así decidí quedarme.
Seguimos conversando, conociéndonos, hasta que un día me propuso vernos.
La verdad, aquella vez, no se portó mal, fue muy atento, incluso pagó el taxi para que regresara a mi casa, ya que él no tenía carro en ese momento.
Después de cada salida me escribía, incluso si me dejaba en la puerta de mi casa.
Es decir, me venía a dejar y luego me preguntaba: "¿no tuviste problema en la casa? ¿Todo bien?".
Eso fue lo que me llamó la atención de él. Inclusive escribía cuando yo estaba en el trabajo para preguntarme: "¿Comiste? ¿Todo bien? ¿Cómo te fue en el trabajo?".
A mí, obviamente, eso fue emocionándome, porque era lo que quería y no había tenido en mi relación anterior, de aproximadamente doce años.
Comenzaron los desplantes
Y bueno, conversábamos todos los días. A pesar de lo bonito que podía llegar a ser conmigo, con sus detalles y todo eso, no lo veía seguido.
O sea, yo era la que ponía la iniciativa, la que decía "quiero que nos veamos, ¿qué te parece si nos vemos y hacemos esto?".
Él respondía: "salgo del trabajo a las 10:30 de la noche. Tú sabes eso, si quieres, después de esa hora".
Era administrador de un restaurante ubicado en el norte de Quito, de modo que no tenía mucho tiempo. Y claro, yo le decía "es que sí puedes". Entonces contestaba que iba a ver, pero ese día nunca llegaba.
Un sábado, que recuerdo perfectamente, esperé que viniera a buscarme. Eran las siete de la noche y al ver que no llegaba le escribí. Llegaron las nueve, las diez, las once de la noche, y nunca vino.
Así era él, no se comprometía, y aun así yo estaba ahí, pendiente.
No era tampoco una persona muy dedicada a su hogar, andaba de farra, se iba a tomar después del trabajo. Cuando le escribía decía que estaba chuchaqui, que no quería levantarse de la cama.
No sé qué le vi, la verdad, no sé en qué estaba pensando cuando decidí entregarle mi cariño a una persona que bebía todos los fines de semana.
Cuando decía que iba a salir temprano del trabajo, que nos encontráramos en tal lado, yo iba. O sea, a mí no me importaba el día ni la hora con tal de verlo, pero cuando yo decía "hagamos algo", se negaba.
Creo que de todas las veces que le propuse salir, solamente una vez lo hicimos, porque siempre me dejó esperando. Aun así, la que habla en este momento, estaba dispuesta cada vez que él quería.
Puedo decir que incluso tuve leves sospechas de que estaba con otra persona. Recuerdo que en una ocasión le hice un regalo bonito que fui a dejarle al trabajo, y lo único que me dijo fue "gracias".
Aquella vez me sentí tan mal que me prometí a mí misma no aguantar más, o sea, no ir ni a la esquina con él.
Sin amor propio
Luego de este desplante me volvió a buscar para decirme que teníamos que vernos. Le contesté que si iba a comportarse así, mejor dejáramos las cosas como estaban. Pero él siguió escribiéndome.
Ante la intermitencia y esos mensajes en los que decía "oye, nena, ¿cómo estás, cómo has pasado...?", yo caía. Otra vez tenía la ilusión de que saliéramos.
"Ya te aviso, yo arreglo cualquier cosa y vamos a ver" eran sus frases favoritas.
Entonces, nuevamente caí. Quería abrirme de él, cerrar ese ciclo, pero nuevamente él venía y me buscaba. Así pasó mucho tiempo.
Con relación a otros puntos, como la intimidad, iba donde él me dijera. No tenía recelos. Si era el peor hotel de todos, yo iba y me metía con tal de verle y pasar con él.
Ahí me di cuenta de que no tenía amor propio porque nunca dije hasta aquí. Él tenía un poder de convencimiento grande conmigo.
Me acuerdo que un 1 de enero estaba sola en casa y me llamó para decirme que nos viéramos. Yo, como tontita, cogí un Uber y terminamos en un hotel.
Luego pasó lo mismo otra vez. Fue un 31 de diciembre, hace aproximadamente tres años. Yo estaba en un compromiso, en una quinceañera, obviamente en la mañana, toda entaconada en el Valle, cuando me llama para decirme "quiero verte, estoy aquí medio chuchaqui en tal hotel".
Y aquí, su servidora, fue desde el Valle de Los Chillos hasta Quito para verse con él. Creo que lo máximo que estuve en ese lugar fue media hora. De ahí cada uno para su casa.
Me arrepiento, no debí ir, debí dejarle con las ganas.
Pensé que ahí acababa mi ciclo, pero fue mentira. Al siguiente año me volvió a buscar, pero yo ya sentía que algo estaba pasando porque en una publicación que él hizo en su Facebook vi que una chica le comentó. Al entrar al perfil de ella algo no me cuadró.
No te rebajes
Si tienen una intuición deben hacerse caso, chicas. A veces la gente nos tacha de locas, pero no es así. Somos muy intuitivas, y yo intuía que algo no estaba bien.
Cuando entré al perfil de esta chica vi fotos antiguas y él estaba en una de ellas. Entonces me di cuenta de que habían sido pareja, de que ella era la novia de la que él alguna vez me contó.
Lo único que hice fue ver, y nada más. No llegué a ese punto de rebajarme, de escribirle y decirle "él está conmigo, no lo busques".
Chicas, por Dios, no lo hagan, no se rebajen a ese punto de escribirle a la otra para preguntarle por qué le escribe o qué tiene con él. Yo lo único que hice es limitarme a ver.
Pasaron los meses y seguimos en esa dinámica de que ya nos vamos a ver y no pasaba nada. Luego él abrió un restaurante cerca de mi trabajo, y como era lógico yo pasaba por allí, lo veía y conversábamos.
Siempre guardé la esperanza de que él reaccione, de que él me diga "veámonos, ahora sí voy a cumplir".
Hasta ahora me pregunto ¿por qué seguía ahí? ¿Qué estaba pensando en ese momento?
Aun así, yo lo seguía viendo en el restaurante que tenía, hasta que un día me dijo claramente "tú no me agradas, hay otras personas, hay otras chicas, y quiero joder con ellas".
Ese día lloré, fui a mi trabajo hecha pedazos, pero me volvió a escribir y nuevamente caí.
Volvíamos siempre al mismo círculo, seguíamos conversando, hasta que un día un amigo me invitó a la zona universitaria donde venden —hamburguesas— las chancrosas.
Dije bien, pero previamente pasé por el restaurante de él y vi que había cerrado. Me llamó la atención. Ese día, más temprano, estábamos chateando normalmente y dejó de responder a eso de la 01:55 o 01:56 de la tarde.
No volvió a contestar, y yo tampoco le escribí.
Llegué a las "chancrosas" con mi amigo, nos parqueamos y estábamos decidiendo qué comer.
Cuando yo estudiaba por esa zona había un puestito en donde vendían unas papitas que a mí me encantaban, así que decidimos separarnos porque él quería las de otro puesto. Quedamos en averiguar cada uno por su lado, y llamarnos.
Bueno, nos abrimos prácticamente, y cuando me estaba yendo para ese puestito alcanzo a ver a Marcelo. Oh sorpresa, estaba con la que fue su novia.
Estás loca
Yo me quedé fría, literal, fría, y pensé "¿qué hago?". No sabía qué hacer, mi amigo se quedó atrás, entonces Diosito me iluminó y me dijo "es ahora o nunca".
La chica se dirigió al puesto de hamburguesas, y él a un lugar de pinchos, entonces me le acerqué y le dije "ahora entiendo por qué cerraste el local. Eres un mentiroso, hijo de tal y cual. Ahora me doy cuenta de la clase de mentiroso que eres, porque según tú no estás con nadie".
Y él me dice "qué te pasa, por qué vienes a reclamarme. Estás loca". Es decir, se hizo la víctima, como que yo era la loca, la que armó el escándalo, y él era el santo.
La gente me quedó viendo y él hizo como si nada, como si no me conociera, porque esa fue la cara que él puso.
Le dije de todo un poco, pero por respeto a ustedes, chicas, y por el público que tal vez llegue a escuchar esto, no voy a repetirlo, pero sí le dije que fue una porquería de persona.
Luego me retiré de ahí y vi que el tipo llamó a la chica con la que andaba, se metió en el carro, sin comprar nada, aceleró y se largó.
Llegué a mi casa y empezó a escribirme: que sí, que "tú eres loca, quedaste mal, por qué armas escándalo si no somos nada. Aparte, ella es mi ex, y qué pasa".
En pocas palabras, me bajó la moral bien bonito y él fue como el Adonis que no hizo nada. En la historia quedó como el santo y yo como la loca del escándalo en la calle.
Si quieres verme, ven tú
Lo eliminé de todo, no volví a saber nada de él hasta enero de este año que me escribió para preguntarme si quería verlo.
Perfecto, le dije, si quieres verme ven a mi casa. Me dijo que no, que era más rápido que yo fuera porque él salía a las 10:30 de la noche.
Le dije que si quería verme tenía que venir a buscarme o que lo dejáramos así, porque yo no iba a mover ni un solo dedo más por él. Ni cielo, ni mar, ni nada. Ya lo había hecho varias veces y no estaba dispuesta a hacerlo nuevamente.
Gracias a Dios, chicas, no volví a buscarlo, no lo volví a ver ni me interesa nada de él.
Les juro que fue un alivio enorme el haberme hecho respetar ese día y dejarle las cosas claras. Yo ya no estoy para hacer absolutamente nada por nadie. El que quiera lo hace y punto. Cuando uno quiere se da tiempo, y cuando uno en verdad ama a una persona le dedica tiempo.
He aprendido tarde eso de "quien quiere puede y el que no simplemente pone excusas". Viví esperanzada de que en algún momento se dieran las cosas y lo único que se dieron fueron salidas improvisadas e intimidad solamente cuando él quiso.
Eso fue todo, así que no puedo decir que recuerdo con cariño lo que viví. El daño emocional que me produjo es tan grande que aquella vez que hablé con él debí pedir permiso en el trabajo porque estaba deshecha.
¿Cómo una persona puede acabarte? Me pasó a mí, por eso decidí no ir a trabajar ese día. Y aun así, chicas, yo continué hablando con él.
Más importante que un pobre imbécil que hace daño es mi trabajo.
Espero que este pódcast les sirva para que se den cuenta de que no son las únicas mujeres que están pasando por momentos difíciles. Espero que les sirva para darse cuenta de que no hay que ser migajeras, que si quiere una persona entregar su tiempo lo va a dar y, si no es así simplemente ábranse, aléjense, no estén esperando migajas de tiempo.
Yo sé que a veces uno puede estar ocupado, pero el que quiere se da modos. Hasta puede convertir un domingo en un viernes.
Después de esta experiencia me fijo mucho en las acciones, no en las palabras, porque yo era una persona que se dejaba llevar por lo que leía, no por lo que hacían por mí.
Esta es mi historia, espero que les sirva, no se sientan solas, y aprendan que sí se sale, sea como sea. Yo soy testigo de eso.
Les abrazo a la distancia, espero que salgan adelante y que encuentren un amor bonito que les llene el corazón.


