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Mujeres que cambian el mundo

Revista Digital de Ecuador

Mujeres que aman demasiado. El pódcast: Los hombres violentos, ¿crecieron en hogares violentos?

Ilustración: Equipo Bagre
En un ejercicio de generosidad, valor y empatía, la doctora Gina Gómez de la Torre abre el cerrojo de su vida privada para dar por inaugurada la nueva sección de Revista Bagre —Mujeres que aman demasiado—, un espacio de testimonios cuyo principal objetivo es compartir información que ayude a reconocer las banderas rojas dentro de una relación amorosa, y promover la comprensión de lo que constituye una relación sana
Autor: Redacción Bagre
Quito - 21 Ene 2025

—Me casé con una persona que había visto violencia en sus padres, y el mayor problema que tenemos las mujeres es la cantidad de conceptos que nos van inoculando nuestras propias familias, es decir, construcciones que nos hacen creer que necesitamos casarnos para ser felices —expresa la doctora Gina Gómez de la Torre. 

Su relato busca desmitificar el idealizado matrimonio y bajar del pedestal esa «sublime» pero distorsionada imagen que tenemos muchas mujeres del príncipe azul. 

—A nosotras nos formaban para el matrimonio, para casarnos, para ser buenas mujeres. Muchas veces nos topamos con un narcisista o un violento y no vemos los elementos que deberíamos, de manera que la presión social, la idealización, y la poca experiencia nos empujan a aceptar una relación que creemos va a ser sana —agrega. 

Gómez de la Torre destaca lo importante que son las elecciones en nuestra vida, y pone como ejemplo la compra de un carro o de una casa. Ante la primera adquisición —menciona— acudimos donde el mecánico para que revise el motor y el kilometraje; frente a la segunda, —destaca— buscamos los servicios de un notario o revisamos, por ejemplo, que las llaves funcionen adecuadamente, pero cuando se trata de elegir una pareja —matiza— idealizamos hasta tal punto que nos quedamos con lo primero que encontramos. 

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—Es verdad, una mujer enamorada idealiza y no ve las banderas rojas, o no quiere verlas. Por ello cuando es víctima de violencia, siente que su pareja ha cambiado, sin embargo, es la idealización la que no le ha permitido ver que su pareja siempre ha sido violenta. 

Consultada sobre la relación que hizo de ella una mujer que ama demasiado, la doctora responde que en su primer matrimonio se casó con un narcisista. 

—Estas personas, generalmente, se sienten víctimas, y no lo digo solo por mí, sino por lo que evidencié en mi despacho, y me refiero a características similares de hombres que se victimizan y que juzgan a sus exparejas como malas (por haberlos dejado). 

Frente a esta tesitura, Gina Gómez de la Torre aconseja observar cómo se comporta el hombre con su familia de origen. En el caso de su expareja, por ejemplo, se dio cuenta de que su suegra era totalmente obediente a su suegro. 

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—Esa era la vida de la madre, así tenía que ser, y viene su hijo a relacionarse con una mujer independiente económicamente, porque yo era ya abogada cuando me casé, de modo que sin darme cuenta caí en una red en la que el narcisismo de él prevalecía —relata.  

El «tú no eres nadie», por ejemplo, era la frase que más repetía el exesposo maltratador. Y “lo hacía con total violencia”. 

Cuando habla de violencia, la doctora se refiere a la física, que fue reemplazada más tarde por la psicológica, y que fue trascendiendo a su profesión y a su forma de vestir. 

—Él me estaba convenciendo de que yo era la peor mujer del mundo, no obstante, un día despierto y me doy cuenta de que había un proceso de violencia a través del cual él quería verme subyugada. Lo alenté para que sacara su título, lo apoyé para que saliera adelante. ¿Cómo era posible que asumiera que yo era una mujer mala? 

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Entre algunas de las anécdotas que vivió con su exmarido violento, la doctora destaca una vinculada con su función como ama de casa.

—Cada vez que cocinaba, él no comía, de modo que la comida se perdía, pero cuando no preparaba nada me interpelaba.

En una ocasión —cuenta—, acudió con él a una reunión de damas, de esas que suele organizar el Ejército. Pues bien, ella fue escrutada por su cónyuge de pies a cabeza, y es que como abogada y, además litigante, nunca le interesaron los juegos de cartas ni nada que tuviera que ver con la moda.   

—Que te digan cómo hablar, cómo comportarte y cómo vestirte es una bandera roja. Que te “jaloneen”: Dios me libre… Yo crecí en un hogar sin violencia, pero no podía sentirme víctima durante mi primer matrimonio porque eso era darle opción a él para que continuara siendo violento. Le pedí que fuera a un psicólogo para salvar la relación, él argumentó que no estaba loco. Yo quería que mi hijo tuviera un padre, y esas son cosas que nos meten en la cabeza nuestras madres, desde niñas, así nos van construyendo, por eso el proceso de deconstrucción que ofrece una concepción feminista es gradual, y hoy por eso estoy hablando desde allí y sin pena en este pódcast.

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Según la letrada, para tener una buena relación con su exmarido hacía lo que este dijera, por ejemplo, si ella quería asistir a un seminario, en primera instancia, él le daba luz verde, pero cuando llegaba el momento preguntaba con quién iba a dejar al niño —de ambos—, de modo que durante su primer matrimonio nunca logró hacer nada para superarse profesionalmente. Lo único que había aprendido —remarca— era elaborar recetas de cocina compartidas por su suegra.  

—Mi proyecto de vida iba derivando solo hacia lo que él quería. 

Una noche, por fin, luego de seis años de matrimonio, Gina Gómez De la Torre se preguntó: si continúas con él, ¿cómo te ves en diez años? Para ese tiempo ella tenía 39 y una imagen de sí misma desgastada; él, en cambio, llevaba una vida feliz, con muchas mujeres y con ropa cara. 

El dinero se estaba yendo por todos lados, especialmente en las fiestas de su expareja —relata—, y, por otro lado, ella quería hacer un posgrado, tener una casa propia, viajar, verse distinta. Vino entonces la separación. 

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—Él pensó que yo iba a pelear el menaje de casa, los muebles, la refrigeradora, pero dejé todo, cogí a mi hijo, agarré mi computadora, y me fui. Hoy en día yo no permito violencia de nadie, tengo una pareja que es muy racional, feminista en su comportamiento, aunque viene de una familia con concepciones androcéntricas, pero nadie puede actualmente permitir ningún tipo de violencia. 

Después de divorciarse, la doctora Gómez de la Torre hizo un posgrado en la Universidad Andina, se compró una casa, cambió de carro, empezó a trabajar en distintos proyectos, y comenzó a ver a las mujeres desde una visión distinta. 

—Pienso ahora que sin esa experiencia de violencia tal vez no hubiera entendido a muchas mujeres ni comprendido lo que es la empatía. La actual pareja que tengo es tan distinta, sin embargo, no deseo ver lo sucedido como un hecho oscuro, sino como un aprendizaje, porque yo estaba trabajando en casos de violencia y vivía en carne propia lo que era ser violentada. Creí en algún momento que el maltrato se había detenido porque el padre de mi hijo dejó de pegarme, pero seguía rompiendo cosas, y lo hacía con violencia.

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En cuanto a las nuevas generaciones, reflexiona sobre lo que sucede actualmente. 

—Hoy las jóvenes ven de otra forma la vida, antes buscaban casarse a como diera lugar y se sentían orgullosas de llevar el apellido del marido. Eso sí me rompe, yo no soy de nadie. En una ocasión, cuando mi hijo estaba en la guardería y yo ya me había divorciado, la directora empezó a llamar a cada madre con el «señora de», pero cuando a mí me nombró respondí inmediatamente «señora de nadie», aunque mi apellido Gómez De la Torre lleve un “De”, lo que no significaba que estuviera casada con un señor La Torre. 

Para ella, esta forma de identificarse, como si las mujeres fueran un título de propiedad, es una construcción formativa que está desapareciendo porque las jóvenes toman sus propias decisiones, sin embargo, existe algo que no deja de percibir y son los casos de violencia.

—Cuando empecé a ejercer la profesión no era posible que la víctima denunciara al marido porque la ley para combatir la violencia contra la mujer fue aprobada en 1995, de modo que había que pedirle a un hermano, o a algún otro familiar, o a una amiga que pusiera la denuncia. Hoy hay opciones. Recuerdo que al mes de que se abrieran las comisarías de la Mujer había mil denuncias, es decir, la violencia existía, y todavía prevalece, porque a los juzgados de Familia llegan infinidad de procesos de violencia psicológica y física.

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¿Un consejo para hombres y mujeres? Gómez De la Torre sugiere darle de beber alcohol a la pareja, aunque parezca una idea tonta, para saber si es, en el caso de los hombres, un caballero o una bestia, y en el caso de las mujeres, una persona tóxica. Desde luego, eso no significa que los abstemios sean santos. 

—Si ves una bandera roja, olvídate, porque no vas a poder cambiar a nadie, más bien una cambia por esa persona. Que te pidan dinero: cuidado. Préstame tanto: cuidado. No lo viví yo, pero lo he visto. Comienzan con «necesito tanto dinero para tal cosa», y si no les das te golpean y te dejan en la quiebra. Esa es una forma de violencia, una emblemática bandera roja. El hombre trata de minimizar al máximo a la mujer, sacándola de su medio económico. De este tipo de violencia casi no se habla. 

La doctora Gómez de la Torre ofrece dos últimas reflexiones. 

—Si estás enamorada no te cases, porque difícilmente vas a ver los defectos de la otra persona. Por otro lado, nadie de afuera, con consejos, va a hacer que tú cambies si no quieres. Vivir en un círculo de violencia es como ser adicto a las drogas o al alcohol. Si uno no toma la decisión de alejarse, de nada sirve lo que el resto diga, pero hay que empoderarse, deconstruirse, porque esos dos minutos de «te quiero» o «te amo» boicotean todo el complejo proceso de salir de la violencia. Nada impide que salgamos. Ah, que mis hijos. Eso no lo impide. Ah, que me mantiene. Podemos salir adelante solas. Todo está en la mente. Una crea las condiciones, una tiene el poder para hacerlo. Somos poderosas.

 Estás invitada a ser parte de esta experiencia, y participar con tu propia historia en Mujeres que aman demasiado. El pódcast. Para compartirnos tu testimonio y ponerte en contacto con el Equipo Bagre, click aquí.

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