Camila, quiteña de 29 años. vive en una minisuite que arrienda en la Granda Centeno, un sector residencial del centro - norte de Quito. Trabaja desde casa como diseñadora freelance. Casi todas sus mañanas empiezan con un café, su laptop, su smartphone y Bruno —un yorkshire terrier—, dormido cerca de sus pies, mientras ella responde correos electrónicos y mensajes de WhatsApp de sus clientes.
A veces, en medio de una videollamada, Bruno aparece caminando frente a la cámara. Camila sonríe. En su smartphone, tiene más fotografías de él que selfies propias. Le celebra cumpleaños. Le compra ropa para el frío. Es que, para Camila, Bruno es la presencia más constante de su vida.
Hace algunos años pensaba que su adultez sería distinta. Más parecida a esa idea tradicional de familia que veía cuando era niña. Pero entre escasas ofertas laborales, relaciones románticas que no funcionaron y una ciudad donde todo parece ir demasiado rápido, Camila construyó otras formas de compañía y afecto.

La cultura pet refleja los nuevos paradigmas que se imponen en Quito
La forma de vida de Camila no es aislada. El censo nacional de 2022 destaca que en los hogares quiteños viven 1.082.641 animales de compañía, frente a 700.591 niñas, niños y adolescentes; y a nivel nacional, el 58,3% de hogares tiene animales de compañía.
A nivel global, según un estudio de la consultora Euromonitor International, el 68% de los encuestados de la Generación Z y el 69% de los millennials, consideran a sus animales de compañía como parte de su familia.
Estas cifras reflejan cambios en la manera en que la sociedad actual entiende la compañía, el cuidado y las relaciones intrafamiliares. Cada vez es más común encontrar hogares donde los animales domésticos ocupan un lugar emocionalmente central. Y la ciencia ha encontrado un término para esta nueva estructura social: los hogares multiespecie.
Los hogares multiespecie dejaron de ser una excepción para convertirse en parte visible de la sociedad. Hay animales que aparecen en videollamadas de trabajo, que duermen junto a sus humanos, que tienen cumpleaños, fotografías familiares y rutinas compartidas. La convivencia con compañeros animales ya no se percibe únicamente como tenencia de mascotas, sino como una forma contemporánea de construir lazos emocionales y de pertenencia.

Mientras la tasa de natalidad disminuye entre las quiteñas, las familias multiespecie están en auge
Detrás de este fenómeno también existe un contexto generacional. Mientras la natalidad disminuye, la relación emocional con mascotas se vuelve más profunda. En Pichincha, la tasa de natalidad cayó a 1,3 hijos por mujer, una de las más bajas de Ecuador. En paralelo, muchas personas atraviesan formas de soledad urbana, cambios en sus relaciones y modelos de vida menos tradicionales. En ese escenario, los lazos interespecie aparecen como una presencia cotidiana, capaz de ofrecer estabilidad emocional, rutina y compañía.


