El 27 de mayo de 2024, hace menos de una semana, la enorme cantautora mexicana, Vivir Quintana, hizo el lanzamiento de la canción titulada Compañera Presidenta.
La fecha de la presentación y el título del sencillo no fueron producto del azar.
Este domingo, dos de junio, México irá a las urnas, y lo hará con una sola certeza: su próximo presidente será mujer.
«Compañera Presidenta / seas quien seas, Presidenta / es preciso que te llames compañera / es preciso que te llamen compañera…«, dice el leitmotiv de la canción, una suerte de carta abierta, o de exhortación pública, si se quiere, para las dos candidatas que lideran las encuestas presidenciales: Claudia Sheinbaum, de Morena, y Xóchitl Gálvez, de la coalición Fuerza y Corazón por México, conformada por el PAN, el PRI y el PRD.
«Mientras tenga garganta, voz y estas manos, voy a seguir haciendo canciones porque tienen que escuchar los mensajes que tenemos las mujeres”, dijo durante la presentación del sencillo la también cantautora de Canción sin miedo, esa otra pieza musical vibrante y conmovedora devenida en himno feminista, luego de invitar a las candidatas a que «se sumen al esfuerzo y la causa de todas, ya que México tiene una deuda histórica con las mujeres».
La tiene. En México cada año son asesinadas más de 3.000 mujeres, niñas y adolescentes, aunque solo alrededor de un 24% de esa cifra se contabiliza como feminicidio. Es decir, cada día entre 9 y 10 mujeres son asesinadas, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Además, en los cuatro primeros meses de 2024 hubo 22.227 mujeres víctimas de lesiones dolosas y 66.955 denuncias por violación.
Si estas cifras te parecen de terror, las concernientes a la impunidad son para llorar: el 97% de los casos no son resueltos.
“Que las flores no te falten en tu pecho / que se funda tu nariz en el país / que los lunes no se llenen de un cruel duelo / que la tierra te sostenga en tu raíz. / Que te duermas sin deberle a la justicia / a las madres que ahora buscan por ahí / a sus hijas entre fosas clandestinas, que resista la esperanza de vivir”, ruge Quintana en los oídos de ambas candidatas.
Sheinbaum ha prometido proyectos para mujeres embarazadas, un gabinete paritario, impulsar el programa SOS Mujeres a nivel federal —que coordina las dependencias para brindar apoyo a través de una línea telefónica— y la creación de un Sistema Nacional de Cuidados.
Gálvez ha ofrecido, en cambio, una policía especializada de atención inmediata y fiscalías en todas las entidades para las mujeres víctimas de violencia, centros de apoyo y recursos para las sobrevivientes, ampliar las casas de transición y refugio; una tarjeta mexicana para que mujeres vulnerables reciban 5.000 pesos mensuales, incentivos educativos para niñas y adolescentes, y una reforma integral al sistema de justicia penal.
Pero ambas aspirantes han estado en campaña, y ya sabemos lo que hacen los políticos en esta coyuntura: venderles su alma al diablo.
Hasta el sol de hoy, Claudia Sheinbaum no se ha plegado al feminismo. No solo eso, sino que tuvo enfrentamientos, como jefa de Gobierno de CDMX, con el activismo feminista. Y su incorregible mentor, el aún presidente Andrés Manuel López Obrador, es un reconocido machista de manual.
Xóchitl Gálvez tampoco camina muy lejos de ese andarivel. Cada vez que los periodistas le preguntan si está de acuerdo con el aborto, al que defendía alto y claro antes de que fuera candidata, mira para otro lado. Por eso se ganó el mote de feminista de ocasión.
Tengamos algo claro: ser mujer y política no garantiza la defensa de políticas con perspectiva de género.
Tampoco puede ser considerado un logro feminista el que haya mujeres en puestos de poder y liderazgo. Bueno, lo es, pero el mérito no es necesariamente de quienes ostentan esos cargos, sino de aquellas mujeres que soportaron el vituperio y la fatiga para que eso suceda.
Rita Bell, consejera electoral mexicana, expresó en una entrevista concedida recientemente al diario El País, una verdad de Perogrullo: “Los partidos políticos en México siguen siendo controlados por los hombres aunque una mujer llegue al poder”.
Algo parecido dijo en la revista digital Bagre el año pasado, la abogada y activista Pilar Rassa cuando la entrevistamos: «Algunas mujeres se masculinizan cuando llegan a un cargo de poder. Es una forma de cuidarse. Tienen que tener aliados hombres, de lo contrario no van a durar en el puesto».
Rassa hacía alusión a lo que sucede en Ecuador, no obstante, los casos pueden ser fácilmente extrapolables cuando se trata de una tara tan universal como el machismo.
Entonces, ¿qué podemos esperar de Claudia y Xóchitl? ¿Nos decepcionamos en la víspera?
Desde 1953, las mujeres mexicanas tienen derecho a votar, y desde 2014 la paridad es un principio constitucional en México, de manera que puede considerarse un logro el que hoy se disputen dos mujeres la banda presidencial —por el mensaje que eso supone para las nuevas generaciones— pero la política solo dejará de ser machista cuando el patriarcado de los partidos políticos sea desmantelado desde adentro.
Y hoy, cualquiera de las dos candidatas que gane las elecciones podrá tener esa oportunidad.
“Doscientos años sin ninguna presidenta / hoy harás el futuro con todas las que vengan / sesenta y cinco hombres antes que tú / todas las mujeres después de ti”, dice la irreverente Quintana, con su garganta trepidante, en otra parte de la canción.
¡Que así sea!







