No hay duda de que la escritora colombiana (Cali–1985), Amalia Andrade, lleva consigo el don de la autenticidad, de ahí que aborde asuntos intrincados, como el desamor, la ansiedad, el dolor, la espiritualidad y las emociones, con una cercanía que asombra.
Esa virtud, que se advierte intrínseca a su naturaleza, no ha sido, sin embargo, su única aliada para tejer un puente con sus lectores.
Ella se declara, ante todo y sobre todo, perfeccionista, por eso reivindica el error como parte constitutiva de la magia que le ha permitido encontrar su voz.
—Vivir dentro de mi cabeza no es chévere —ha dicho sin eufemismos.
Ese pensamiento rumiativo, eco del síndrome de la impostora, la llevó a reconciliarse con el fantasma de la equivocación y sólo a raíz de esa tregua pudo concretar su anhelo de vivir de la escritura.
—Me siento muy afortunada de ser una persona que hace lo que ama y lo que siempre quiso hacer —dice Andrade a la revista digital Bagre pocas horas antes del encuentro con sus lectores en la Feria del Libro de Guayaquil, a la que fue invitada como una de sus escritoras más conspicuas.
Pero Andrade es también una apasionada ilustradora, otra de las facetas de la narrativa en la que ha volcado su talento, lo que la ha llevado a reparar en el poder terapéutico del dibujo, por eso cada vez que puede alienta a sus seguidores a que dibujen con una frase que se ha convertido en una suerte de eslogan: Si no sabes qué te pasa, dibuja.
—Si le das una crayola a un niño sabrá instintivamente que eso es para rayar. ¿Qué pasa? El dibujo muchas veces es preverbal, es decir permite acceder a partes de nosotros que no necesariamente se instalan en lo verbal —sostiene.
Diagnosticada con trastorno de ansiedad, la escritora colombiana plantea desestigmatizar la salud mental de tal forma que ir al psicólogo sea parte de la cotidianidad.
Lo dice porque sabe, de fuente directa, que la depresión y la ansiedad pueden ser confundidas con el estrés.
—El que tiene el trastorno de ansiedad piensa que está estresado y aguanta muchísimo dolor, lo que genera una espiral de desinformación que aumenta los casos de colapso y de crisis nerviosa.
Consciente de que la salud mental debe ser atendida con el mismo rigor que la salud física, dice que sus libros son un acercamiento a la ansiedad, no un tratado acerca de los trastornos, porque eso ya existe.
Sobre la decisión de un gran número de personas de recurrir a una chamana o a los libros de autoayuda antes que solicitar los servicios de psicólogos, psiquiatras o terapeutas, cree que esa postura obedece a un asunto multifactorial.
—Primero, la terapia, la psicología y la psiquiatría deberían ser un tema de salud pública, y hoy en día es un tema de privilegio porque sólo cierta cantidad de personas tiene acceso a ellas. Segundo, hay que hacerles unas críticas importantes a las limitaciones de todas las áreas de las ciencias humanas y médicas, y es que deben ser más sistémicas. Los médicos hoy en día necesitan saber más de ti, conocer mejor tu cuerpo.
Andrade dice además que, por ejemplo, los psiquiatras antes no pedían exámenes de sangre, y que hoy en día lo hacen porque es importante saber cómo están las hormonas debido a la correlación que tienen con la salud mental. Y por último, cree que se debe ampliar lo que sirve como terapia.
—Hay que entender que la salud mental es todo, desde los grupos de ayuda, hasta meditar, hacer yoga, ir donde una chamana o al psicólogo. Todo eso nos ayuda. No es una cosa o la otra, entre más holística sea la versión de una misma, mejor está una —destaca.

Y qué opina sobre el poder sanador de la lectura, le preguntamos. Ella responde que la situación cambia de persona a persona.
¿La gente puede leer cuando está rota? Andrade sostiene que para ella es más sencillo conectar con un libro.
—Muchas veces te dicen que tienes que ver televisión, y yo no logro conectar con lo que veo en ese momento, en cambio me conecto de una manera más fácil con un libro. Creo que todos los artistas que incursionamos en cualquier ámbito del arte envidiamos a los músicos, porque la música está siempre ahí. Es más fácil y llega más directo. Tiene un poder enorme, por eso mueve tanta plata.
Andrade es una convencida de que la música puede ser una inyección de terapia, por tanto canoniza algunas de las canciones de Shakira a las cuales concede la facultad de revulsivas, de ahí que prefiera distanciarse de esas dicotomías que la obligan a escoger entre la cantante barranquillera y el filósofo Roland Barthes. Ella, sin vacilaciones, elige a los dos.
¿Por qué habría de someterse a esa disyuntiva? —matiza.
Roland Barthes fue un crítico, teórico literario, semiólogo y filósofo estructuralista francés del siglo XX, conocido por su análisis de la cultura de masas, la semiótica y los signos.
¿Hace catarsis la autora caleña a través de la escritura? No, señala, pero es consciente de que la escritura le ha ayudado a sanar.
—No escribí ninguno de mis libros para sanarme, pero obviamente me sanan en el sentido de que mientras esté creando, estoy bien. La catarsis va por otro lugar —asegura.
Sus libros, traducidos a seis idiomas —Uno siempre cambia el amor de su vida por otro amor o por otra vida (2015), Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas (2017), Tarot magicomístico de estrellas pop (2018) y No sé cómo mostrar dónde me duele (2023)— han alcanzado un éxito rotundo, con más de 1.000.000 de ejemplares vendidos.
—Tengo el trabajo de mis sueños. Fui editora de medios, escribí en revistas, tenía un blog, hablé con diferentes editoriales, algunos me dijeron que no, después editorial Planeta confió en mí, y acá estamos —expresa con un halo de satisfacción.
Ante la penetración de la cultura snack en los mass media, es decir frente al impacto de las lecturas rápidas, los contenidos cortos y los reels, le consultamos si su estilo responde a las nuevas demandas del mercado. Ella responde que sus libros fueron publicados antes de que existiera Tik Tok, pero que como se considera una terca sin remedio se dispone a «escribir largo».
—No quiero hacer nada ni corto ni perezoso, nunca. Siempre haré lo que esté en mi corazón. Mi lenguaje es muy mío, pero conociéndome, fijo escribiré más largo para que la gente suelte el celular y esté ahí, con el texto.






