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Revista Digital de Ecuador

El caso Dalcroze: Un grito de justicia 

Ilustración: Rafaela Briceño

En un acto de valentía y resiliencia, cinco madres de la Unidad Educativa Dalcroze abren su corazón en Opinión & Glitter, de revista Bagre, para contar la dolorosa lucha que han debido enfrentar para que el exprofesor de Educación Física, Steveen Joel Pullaguari Llumiquinga, acusado de abusar sexualmente de varios niños, pague por sus delitos.

Redacción Bagre

Quito - 20 Ene 2026

En marzo de 2025, la unidad educativa Émile Jaques Dalcroze, ubicada en la ciudad de Quito, se vio envuelta en un escándalo que conmocionó a la comunidad. Tres padres de familia denunciaron a Steveen Joel Pullaguari Llumiquinga, profesor de educación física, por abuso sexual. 

Paralelamente, debido a los errores cometidos en la protección de los niños, el Ministerio de Educación intervino el centro educativo. 

En octubre de 2025, un tribunal penal impuso 17 años y cuatro meses de prisión a Pullaguari por el delito de abuso sexual agravado. Sin embargo, el exprofesor continúa libre —con medidas sustitutivas a la prisión— debido a que enfrenta al menos 13 investigaciones más por denuncias de otros padres de familia.

En un intento por visibilizar la lucha de algunas de las familias afectadas, Opinión & Glitter, segmento de revista Bagre, recogió los testimonios de Daisy Burgos, Diana Oliveiro, Alejandra Logaña, Jennifer Elizalde y Rosa Duque, madres de algunos de los menores que fueron víctimas de Pullaguari.

Sus testimonios, marcados por el dolor y la valentía, pretenden ser un llamado a la acción para proteger a los niños.  

—Ustedes han dado la cara y son un ejemplo de sororidad en este caso que es tan doloroso y desgastante —expresó la doctora Gina Gómez De la Torre, defensora de los derechos humanos y anfitriona del encuentro, al inicio del diálogo con las madres. 

Destacó también la importancia de la celeridad en la justicia y la necesidad de sancionar a los funcionarios que cubren, dañan y permiten la impunidad. 

El caso Dalcroze Kids es un llamado a la conciencia para que se priorice el interés superior del niño y se tomen medidas efectivas para prevenir la violencia sexual infantil.

Gómez De la Torre: ¿Qué les hizo escoger al Dalcroze Kids?

Alejandra Logaña: Esto es algo que ha movido la perspectiva de uno como mamá. Como mamá, como papá, como padre de familia, uno quiere siempre lo mejor para sus hijos. Entonces, ¿qué nos motivó? La propuesta académica en sí.

Gómez De la Torre: ¿Y cómo era la relación con este señor que está involucrado?

Alejandra Logaña: Yo no conocía al profesor. No sabíamos quién era porque nunca hubo una presentación de los docentes frente a los padres de familia. En el caso nuestro —el preescolar— a quienes conocíamos era a la profesora tutora y a la cotutora que estaba a cargo de los niños.

Gómez De la Torre: ¿Podrían decirnos, más allá de lo físico, qué cambios notaron en sus hijos? ¿Qué percibieron? 

Daisy Burgos: Descubrimos este hecho en marzo de 2025, pero desde enero veía que mi hijo no quería ir al colegio. Se prendía de mis piernas, o le decía al papá que no quería ir, que le dolía la barriguita. Dos semanas antes de descubrir el delito, mi hijo no quería ni siquiera bajarse del auto. Simplemente no quería. Y claro, como madre yo pensaba que no quería ir porque se había acostado tarde o porque, a lo mejor, algún niño lo estaba molestando. 

Mi hijo era el más pequeño de la preparatoria. Tenía 5 años, ahora tiene 6; los cumplió en noviembre, pero muchos compañeritos suyos, que ahora tienen 7, habían cumplido para esa época los 6 años. Como era el más pequeño, creía que algún compañero lo estaba molestando. Incluso hablé de esto con Diana, que está hoy aquí —Diana Oliveiro, otra de las madres que denunciaron a Pullaguari, trabajaba en el Dalcroze, primero como psicóloga, y luego en admisiones—. Le comenté que la profesora de Lengua y Literatura me había dicho que mi hijo debía bajar un nivel porque "está inmaduro", a pesar de que siempre tuvo buenas notas y de que estaba aprendiendo a leer. Incluso acudí al DECE —Departamento de Consejería Estudiantil—, y cuando le comenté a Diana dijo que iba a averiguar lo que estaba pasando con mi hijo. 

Gómez De la Torre: ¿Alguna otra madre detectó algo?

Diana Oliveiro: Una de mis hijas estaba en la primaria y obviamente él —Pullaguari— no era su profesor directo, pero daba acompañamiento al profesor principal. Mi hija de 7 años no quería ponerse el short del uniforme. Lloraba todas las mañanas; se rehusaba a ponérselo. Yo le decía que el short era una exigencia de la escuela. Entonces me pedía que ajustara fuertemente las tiras. Eso ocurrió varias veces. 

En el caso de mi hija más pequeña —3 años—, mi mamá era quien iba a retirarla porque por cuestiones de trabajo yo no podía. Y la chiquita lo que hacía era salir con una cara de espanto total. Mi mamá me decía que algo le pasaba, por eso me sugirió que hablara con la profesora. Lo que la profesora me dijo fue que ella también hablaba con las niñas y que no pasaba nada, que estaban felices. Empezamos a observar cambios en la conducta de las niñas, pero ninguna profesora dijo nada.

Gómez De la Torre: ¿Cómo fue ese momento de revelación cuando ya entendieron que había un cambio en el comportamiento de sus hijos?

Rosa Duque: El tema con mi pequeño es que se topaba las partes íntimas, siempre. Además tenía el carácter muy sensible; se lo retaba y lloraba. Comencé a notar este comportamiento unos 15 o 21 días antes de que todo esto reventara. Yo sentía como madre que algo estaba sucediendo. Por temas de trabajo, mi esposo viaja muy frecuentemente, se ausenta de la casa. Entonces, cuando él salía de viaje, mi hijo lloraba. Recuerdo que unos 21 días antes de enterarnos de lo que sucedía en el Dalcroze mi hijo lloraba con mucha intensidad —papi, no te vayas, papi quédate—. Luego entendimos por qué mi bebé no quería quedarse solo conmigo. Era por las amenazas, porque este tipo llegó a decirle que si contaba lo que le hacía me iba a matar cuando su papá viajara. Entonces, este tipo supo cómo manipular a cada uno de nuestros niños, sabía de sus debilidades. 

Yo me enteré de todo el 24 de marzo de 2025, por una madre de familia. Nunca me voy a olvidar de esa fecha. Me llamaron a mi celular y me dijeron, "por favor, baja al colegio que algo pasa". No me dijeron qué, pero yo sabía que algo fuerte sucedía. Bajé enseguida y antes de retirar a mi pequeño me topé con una mamita que me contó lo que le había dicho su pequeño cuando al recogerlo le topó la colita: "no me topes ahí porque allí me sabe topar el profesor Steveen". 

Entonces el niño empezó a contar que —Pullaguari— también tocaba a otros compañeritos y uno de ellos era mi hijo. Cuando retiré a mi pequeño, me subí al auto y hablé con él; fue ahí cuando me confesó que no había dicho nada porque si lo hacía me iban a matar. Como madres nos sentimos impotentes ante una situación así. En ese momento los tres primeros niños hablaron, incluido mi hijo, —este caso de flagrancia, el de los tres primeros niños, fue el que recibió sentencia—. Nosotras, posteriormente, tratamos de reunirnos con las autoridades para seguir los protocolos que supuestamente tenía el colegio.

Gómez De la Torre: Esto es importante porque las madres muchas veces no entienden el cambio de comportamiento de nuestros hijos. ¿Qué protocolos utilizó la escuela? ¿Hizo algo en relación a su menor? 

Jennifer Elizalde: En mi caso, de igual forma me enteré por una de las mamitas que nos hizo la llamada. Hoy, al escucharles a mis compañeras, ahora mis amigas, madres de familia que hemos estado luchando ya casi un año, recuerdo ese feo momento. 

No nos vamos a olvidar nunca de la impresión que sentimos cuando nos dijeron, después de la valoración psicológica que hicieron a nuestros niños, "sí, fue víctima". Eso fue doloroso, indignante, difícil. Preguntamos en el colegio, "¿qué pasó? ¿Por qué no nos comunicaron el día que sucedió esto?".  

No nos enteramos por la unidad educativa, sino por los padres de familia, por la comunicación que teníamos entre padres. Esto había pasado en horas de la mañana en la institución y nosotros nos enteramos en la tarde. Cuando mi esposo retiró a la niña de la escuela, un poco más allá del mediodía, la profesora la entregó sin ninguna notificación. Para ella no había pasado nada ese día. La llamada de las mamitas para alertarnos sobre este problema, sin embargo, fue en la tarde. 

La institución no activó ningún protocolo, no tomó ninguna medida. Detuvieron al docente —a Pullaguari— porque acudió la policía, porque fue una flagrancia. Debían habernos informado, pero nunca lo hicieron. Después seguimos con la valoración psicológica individual. En mi caso hice dos valoraciones psicológicas, las dos coincidieron en lo mismo. Cuando pasó esto, yo decía, “por favor, que a mi hija no le haya pasado nada”. Tus hijos son tu tesoro más preciado y tú quieres lo mejor para ellos. Sin embargo, hasta ahora mi hija está en tratamiento psicológico. 

No asociamos su miedo excesivo a estar sola o su miedo excesivo a la oscuridad con lo que le sucedió. Todavía luchamos con eso; sin embargo, la institución no ha sido un punto de apoyo. Tuvimos distintas reuniones, hicimos presión en el distrito, de hecho el distrito ejerció presión sobre la institución para que nos dijeran qué fue lo que pasó. 

El dueño del colegio nos lavó el cerebro en la primera reunión. Entiendo que él es un orador, lidera un grupo, y tiene mucha fuerza de palabra, así que nos convenció. Lo que a mí más me indignó fue que nos hizo rezar para pedir por nuestros hijos. Nos cogió de las manos, a todos los padres, y se comprometió a apoyarnos. ¿Y ahora nosotros somos los padres que queremos extorsionar a la escuela, los que tenemos intereses económicos en la escuela? Estas cosas nos vienen acabando, pero seguimos en la lucha y aquí estamos. 

El colegio siempre trata de desprestigiarnos; nunca nos apoyó, nunca nos guió. Nos prometieron muchas cosas para que sigamos con nuestros niños ahí. Después de lo sucedido, dejamos una semana a nuestros hijos en esa unidad educativa. Sin embargo, no cumplieron ningún compromiso, y por ese motivo decidimos sacarlos. Hemos estado en una lucha constante con la unidad educativa para que se haga responsable de la negligencia en la que incurrió al contratar a profesores que tal vez no fueron sometidos a una evaluación inicial o a una valoración psicológica que hubiera podido revelar si eran aptos para trabajar con niños pequeños.

Gómez De la Torre: ¿Me pueden explicar cómo fue el proceso de denuncia? ¿Qué pasó con la justicia? 

Daisy Burgos: Una vez que nos enteramos llamamos al 911 porque el dueño del colegio dijo en la reunión que hiciéramos lo que teníamos que hacer. El 911 acudió al Dalcroze. Me parece que después de unas dos horas de la reunión que tuvimos con el dueño, en la que estuvimos los tres padres de flagrancia —Daysi es madre de uno de los tres niños del caso de flagrancia que recibió sentencia—, llegaron tíos, otros padres y más familiares.

Cuando llegó la policía, la unidad educativa se encargó de sacar al docente porque no querían escándalo. Nos pidieron manejar las cosas de manera callada, intentaron lavarnos el cerebro diciéndonos que el objetivo era no distraer a nuestros hijos mayores, que también estaban en la institución. Esa fue la consigna. Pero entre los niños abusados estaba el nieto de la directora del Dalcroze Kids, y cuando los papás del niño vinieron se descontrolaron, agredieron al profesor y, obviamente, se formó el escándalo. Si no hubiera sido por esta agresión tal vez los otros padres no se hubieran enterado. El único interés de la institución era que no se conociera el caso. 

Nos dimos cuenta después de que todo lo que dijeron no tenía otra intención que calmarnos, porque el colegio se comprometió en la reunión a apoyar a los niños. Pasó el escándalo, aprehenden al tipo, y la policía lo saca por la puerta de atrás. Con toda la desconfianza del mundo, seguimos en caravana a la policía hasta que ingresara al agresor a prisión y viéramos el parte policial. En ese momento nos enteramos de que el sujeto llegó sin celular. ¿Qué persona en la actualidad anda sin celular? 

Gómez De la Torre: ¿O sea que nunca integraron el celular como elemento probatorio? 

Daisy Burgos: En ese momento nos enteramos que no entró con el celular ni la billetera. Como pasó todo este boom, fuimos a las diferentes diligencias. Acudimos a la Fiscalía en Sangolquí, a pesar de que el colegio no está en Rumiñahui sino dentro del Distrito Metropolitano de Quito. Llegamos a la Fiscalía de Sangolquí las tres madres —de flagrancia—, y fueron llegando otros padres para apoyarnos. Jamás pensaron que sus hijos habían sido también víctimas, es decir fueron para solidarizarse con nosotras. 

En ese momento vimos llegar al dueño del colegio con la rectora y el inspector general. En nuestra inocencia pensamos que venían a cumplir con su promesa de apoyar a los niños. Resulta que si ellos no denunciaban, iban a recibir una sanción, porque así lo estipula la ley. O sea, no lo hicieron por los niños sino porque no tenían otra opción. Pero en ese momento no sabíamos eso, además estábamos en shock. De ahí vinimos a Quito para el tema de flagrancia, hicimos todas las diligencias, entrevistaron a nuestros hijos e hicieron el examen médico legal.

Gómez De la Torre: ¿Les hicieron cámara de Gesell a los niños? ¿Rindieron testimonio con una psicóloga? ¿Los testimonios de los niños fueron coincidentes? 

Daisy Burgos: Sí, pasaron por la cámara de Gesell, rindieron testimonio con una psicóloga y los testimonios de los tres —de flagrancia— fueron coincidentes. En ese momento éramos tres. Otro pequeño, de 4 años, se unió luego porque los padres se enteraron de nuestros casos y descubrieron que su hijo también había sido víctima. Hay además otra nena que fue la primera en dar el testimonio en la cámara y reveló cómo este tipo la tocaba a ella y a otros niños. 

Gómez De la Torre: Aquí lo complejo es que al agresor le dieron la libertad, pese a la gravedad del caso y a su peligrosidad. ¿Qué sintieron? ¿Qué pasó? ¿Quién lo hizo?

Daisy Burgos: Se nos acabó el mundo. Lo hizo la jueza Mayra Vinces, de Rumiñahui. Fue un mes de un montón de audiencias, porque hicimos algunos plantones. El dueño del colegio nos llamó a una reunión y nos cerró la puerta, nos tuvo una hora y media afuera, parados. Así de indignante fue el trato que nos dio.

Por algún motivo alguien se contactó con el distrito y vino el director distrital con su equipo a burlarse de nosotros. Ese director distrital fue despedido o sacado de su cargo por el Ministerio de Educación porque ahí sí pudimos probar, con fotos, que él fue quien inauguró el Dalcroze Kids. Estuvo ahí y cortó la cinta. En las redes del Dalcroze Kids están —o estaban— esas publicaciones. Entonces, tú, como padre, ¿cómo puedes creer que un funcionario público puede prestarse para eso? 

El Dalcroze Kids es una casa donde no hay hasta el día de hoy permisos de funcionamiento. El Dalcroze Kids tiene permiso para funcionar dentro de la matriz del Dalcroze, no a kilómetro y medio, donde fue inaugurado con bombos y platillos, con la presencia del director distrital. Nos enteramos de esta situación en una reunión con la auditora que estaba en ese momento haciendo la investigación en el colegio porque no se activaron los protocolos. 

Después de hacernos rezar, abrazarnos y decir que estaba con nosotros, la institución emprendió la campaña “El Dalcroze te cuida y renace”.  ¿Te cuida y renace de qué? ¿Sobre el dolor de nuestros hijos? Mi esposo es el abogado de todos los niños, y no cobra, por si acaso. No ha cobrado ni un solo centavo a ninguna de las madres. Esto no es un negocio.

Mi esposo acude a una de las diligencias al Dalcroze y resulta que entra, abre la puerta y mi hijo estaba allí. ¿Cómo podía entrar a la diligencia en esas circunstancias? No pudo hacerlo, eso hubiera sido revictimizar a nuestro hijo; iba a saber que algo pasaba porque el papá había ido a su colegio. Estaban los policías, la fiscal, un montón de personas, y los niños seguían allí. No fue verdad, como habían dicho las autoridades del colegio, que harían un picnic para que los niños no vieran a la policía realizar la diligencia de reconocimiento. 

Gómez De la Torre: Es la revictimización absoluta de los niños…

Daisy Burgos: Sí. El jueves de esa semana, el tipejo este declara —Pullaguari—, y menciona que él nunca estuvo solo, que la cotutora de nuestros hijos siempre estuvo con él. Entonces, si hay un delito, ella era partícipe. Mi esposo se retira de la diligencia, saca a mi hijo en ese instante del colegio y me dice, "él no va más". 

Nos enteramos ese mismo día, por una mamá que no está aquí, que ni siquiera despidieron a la cotutora que no cuidó a nuestros hijos, que tenía que llevar a los niños a la clase de Educación Física. El día anterior a su declaración, esta mamá le pregunta a su hijo si Estefanía Cerón sigue siendo su cotutora, y el niño responde que no, pero que durante el recreo  le había dicho que no contara a nadie lo que pasaba con el Steveen.

Entonces, no estamos hablando de una sola persona, y a ella lastimosamente tampoco la vinculan al proceso. El Dalcroze Kids no tiene aulas chiquitas ni cerradas, como el Aampetra, sino ventanales, y todos dan al patio. Los niños dicen que fueron tocados en el patio, porque, ojo, no fue sólo un día que fueron tocados, esto venía sucediendo desde mucho antes. Como dijo el Tribunal Penal, fue un abuso sistemático, no es que al tipo se le ocurrió tocarlos un día. Tiene una sentencia de 17 años, 4 meses, por un delito de abuso sexual agravado. 

Gómez De la Torre: ¿En qué estado está en este momento el caso?

Daisy Burgos: Las tres mamás de flagrancia  tenemos audiencia el 30 de enero, porque este tipo apeló la sentencia. La audiencia es telemática. Y siguen, aparte, los casos ordinarios.

Gómez De la Torre: ¿Él se está presentando en las audiencias?

Daisy Burgos:  En las audiencias de flagrancia —de los tres niños— sí, porque le ordenan la presentación, pero en el caso del niño de 4 años le sustituyeron la medida porque, entre comillas, "la medida está funcionando". Es decir "el mismo día te llamamos a juicio, pero dejamos que te defiendas en libertad". 

No estamos hablando de un delincuente que robó algo, estamos hablando de un abusador sexual que está libre. Yo le pregunto a la jueza: ¿Puede dormir? Porque ella debe ser madre o abuela. 

Gómez De la Torre: ¿Las dos juezas? 

Daisy Burgos: Una es de flagrancia. La otra jueza es del otro caso. Mi esposo me explica que como la medida sustitutiva en el primer caso de flagrancia funciona y él —Pullaguari—

se presenta todos los miércoles, no había cómo ordenarle prisión preventiva en el caso del niño de 4 años. Entonces, mi pregunta es para la justicia, ¿cuántos niños más se necesitan para devolver a este sujeto a la cárcel? Los tres niños de flagrancia —donde está mi hijo— fueron a la cámara Gesell. Además están los dos niños más, el de 4 años y la niña de 5 que fueron a la cámara Gesell y otra vez dijeron todo lo que él les hizo. Estamos esperando las diligencias de la fiscalía de los otros juicios en vía ordinaria, que todavía no se dan. Hay dos o tres madres, que ni siquiera empiezan ninguna diligencia.

Gómez De la Torre: ¿Y por qué no lo han hecho? ¿Tienen idea?

Daisy Burgos: Porque el expediente de una mamá está extraviado, nadie lo encuentra, y así se dan la vuelta. La madres de los niños más pequeños —una tiene 2 años y la de Diana Oliveiro 3— solicitaron un control disciplinario en la fiscalía por el tema de la fiscal, porque lastimosamente ella en el pasillo decía, “voy a archivar todos los casos del Dalcroze”. 

Tanto metió las manos el colegio en la fiscalía de Rumiñahui que muchos procesos posteriores, muchas denuncias, no fueron aceptadas. Nos tocó ir hasta la fiscalía de —no sé si está bien el nombre— derechos humanos, aquí en Quito, hacer una reunión y explicar que no dejaban a estos padres poner la denuncia para que la fiscalía pudiera aceptarla. 

Es decir, estos padres ni siquiera tenían como ciudadanos la oportunidad de poner la denuncia. Si no es por esta fiscalía, que fue a decir, “¿qué pasa aquí?, ¿por qué no pueden receptar la denuncia de los niños?”, no pasaba nada. 

Estamos hablando de una cámara para niños de 2 y 3 años, que no es amigable.

Gómez De la Torre: ¿Le hicieron a la niña de 2 años cámara Gesell? ¿Fue por pedido de la fiscal?

Daisy Burgos: Supongo que sí, de la fiscal. Y a la niña de 3 años también. 

Diana Oliveiro: En mi caso, mi pequeña tenía 3 años y las preguntas fueron, “¿de qué color era tu uniforme? ¿Cuántos profesores eran?, ¿cómo se llamaba tu colegio?”. Mi hija decía, "el kids”, no el Dalcroze kids, y ellos se regresaban a ver. ¿Cómo pueden hacerle ese tipo de preguntas a una niña que recién está desarrollando el lenguaje y aprendiendo de colores y nociones básicas?

Gómez De la Torre: ¿No había por parte del equipo técnico, que se supone está integrado por la psicóloga, un conocimiento del manejo de las preguntas forenses a una niña de 2 años? A una niña de 2 años no se le pueden hacer preguntas directas, a ella se la maneja con material lúdico y en un escenario distinto… 

Diana Oliveiro: Yo hice la misma pregunta. Como psicólogos sé que ellos no tienen un lenguaje estructurado pero que pueden expresarse a través de algo lúdico, dinámico, con muñecos, plastilina. De esa manera fue detectado lo que pasó con mi hija, y tuvo sintomatología, porque vomitó en ese momento. Entonces, antes de entrar a la cámara Gesell, la psicóloga me dice, “es que se le va a hacer preguntas”. 

Yo nunca había estado en un caso así y no entendí la estructura. Entonces, al momento que salimos, la psicóloga me dice, “así mismo es”. Y yo le digo, "¿cómo a una niña de 3 años que todavía no desarrolla el lenguaje —porque además tenía un retraso de lenguaje— le van a preguntar cosas así? Y ella respondió, “así es la estructura, así nos manejamos y así es la fiscalía”. Bueno, se hizo la cámara con la niña de 2 años también y no salió nada. 

Gómez De la Torre: Es que con preguntas, a esa edad, no se resuelve nada. 

Diana Oliveiro: Cuando le hicieron a mi hija la primera evaluación, ella usó plastilina, y tuvo una reacción, se enfermó en ese momento, vomitó. Y ese es el informe que llevé al colegio en el cual supuestamente iban a apoyarme porque yo trabajaba ahí. Estaba en admisiones laborando medio tiempo porque renuncié al DECE, precisamente por la estructura que estaban llevando. Entonces no quise seguir y en el momento en que llevé el informe de mis dos hijas —la de 7 y la de 3 años— la rectora me dijo, “te vamos a ayudar, cuenta con nosotros”. 

Cuando fui a hacer los trámites a fiscalía dijeron, "la rectora mandó una carta diciendo que el acusado nunca fue el profesor de tu niña mayor —la de 7 años—”. Yo llamé a la rectora para preguntarle qué pasaba y dijo, "yo estoy diciendo la verdad”. Le dije, “no, porque yo vi que ese tipo, a pesar de que no era profesor de mi hija, le daba clases”. Y ese caso se detuvo bastante, aún no sale. Yo renuncié al colegio porque no sentí ningún acompañamiento.

Gómez De la Torre: Sé que ustedes están pasando por momentos muy duros, pero como corolario: ¿Qué mensaje pueden darles a otras madres, qué debemos hacer para prevenir, y qué aspiran de la justicia?

Daisy Burgos: Bueno, yo aconsejaría que crean en sus hijos porque si un niño de 5 años habla de abuso sexual es porque lo está viviendo. Cree a tus hijos, denuncia, porque si no denuncias esto no va a parar nunca. ¿Qué aspiro de la justicia? Que metan preso al tipo este, que es donde debe de estar. No libre ni encontrándose con nuestros hijos. Debe estar preso. Y todas esas personas que lo ayudaron para que esté en libertad, deberían ser también puestas en la cárcel. Yo sé que este es el espacio para el mensaje, pero olvidé contar que una de las profesoras, la tutora de mi hijo que le conoce por tres años, casi va presa en el Tribunal Penal por mentir. Entonces, ¿qué esperamos de la justicia? ¿Qué necesito de la fiscalía? Que vincule a todas las personas responsables, a esas profesoras negligentes. Que todos paguen lo que hicieron y lo que no hicieron para cuidar a nuestros hijos. 

Diana Oliveiro: El mensaje de mi parte es también creerles a nuestros hijos, saber por qué tienen conductas que a veces una como mamá no entiende. El indagar más allá de eso es lo importante. Estar pendientes. A veces dicen, “es que la mamita es metida”. No, la mamá debe preocuparse por lo que está pasando con su hijo dentro de las instituciones educativas. ¿Qué espero de la justicia? Ha sido tan decepcionante, y en todas las entidades. En los distritos tampoco han dicho, a ver ¿qué pasó con los niños, dónde están? Como padres debemos encontrar gente que está en el mismo camino de uno y ayudarnos. Eso es lo que a nosotros nos ha aliviado mucho, el habernos encontrado. Yo trabajaba ahí, entonces encontrar esa fuerza en los papás es lo que nos ha hecho enfrentar a la justicia. Pedimos cárcel para este desgraciado que no puede estar libre. Nos hemos encontrado con él en muchos lugares y ha salido como rata corriendo. Queremos verle preso, porque eso es lo que se merece. Y vamos a seguir exigiendo, peleando y luchando para que este caso no quede en la impunidad.

Alejandra Logaña: Bueno, de mi parte, además de creerle a nuestros hijos es importante que así te llamen la mamá metida estés detrás de los profesores, porque no es posible que todos dijeran lo mismo, “sus hijos están bien”, “sus hijos están felices”, “viven en armonía”, “están tranquilos”, “disfrutan”. Y a quienes van a empezar en esta vida escolar, en los preescolares, que siempre estén pendientes de averiguar quién es la profesora, la directora, la tutora, e indagar. Y qué pena si incomodamos a las instituciones educativas, o a los directores, o a los dueños.

La escuela es el lugar en donde nuestros hijos pasan el 50% del tiempo y debe garantizarnos su seguridad. Esa es mi recomendación. Y por otro lado exigir a la justicia que este hombre vaya preso. Es un peligro para la sociedad. No es un niño, no son tres niños, son quince, y hay más. El Dalcroze Kids albergaba a 82 niños y todos estuvieron a merced de él. No es posible que una persona que representa un peligro para la sociedad siga defendiéndose en libertad. Como decía una de las mamitas, “¿Cuántos niños más se necesitan para que al tipo le dictaminen cárcel?”. 

Jennifer Elizalde: Bueno, de mi parte, lo que ya habíamos comentado, creerles a nuestros niños, ante todo. Como madres, somos las figuras a las que más confianza le tienen. Y si no nos comentan, darnos cuenta por el cambio de emociones que presentan. No tengamos miedo a denunciar, a que nos vean en público. Aquí estamos nosotras como madres dando la cara, porque sí, es verdad, al principio teníamos miedo. Pero ahora estamos unidos y lo que queremos es justicia. No es justicia que una persona que está atentando en contra de niños menores de cinco años ande libre por la calle, como si nada hubiera pasado. Que consiga un trabajo, como si no hubiera cometido un delito. No es garantía el que vaya a firmar cada miércoles una hoja, eso no asegura nada. Eso no es justicia. Nuestro caso es ordinario. Mi hija fue llamada en dos ocasiones para la valoración psicológica y por parte de la fiscalía me dicen que en el primer llamado se equivocaron de fecha y de persona. En el segundo llamado, que a la persona que estaba a cargo le cambiaron de funciones y no se puede tomar la declaración ni hacer la valoración a la niña. Yo me pregunto, ¿tenemos justicia en nuestro país? A raíz de esto, muchas personas se han acercado a mí y me han dicho, “yo pasé por lo mismo, pero me cansé de estar en la fiscalía, de hacer diligencias, y hay un Dios y una justicia divina”. Eso es lo único que les consuela, lamentablemente.

Rosa Duque: Bueno, de mi lado, quiero decir a toda esa comunidad que en algún momento tachó de mentirosos a nuestros hijos, especialmente a los niños de flagrancia, que aquí estamos las mamás dando la cara por ellos. Porque ellos son los pequeños valientes que rompieron el silencio. Crean en sus niños, crean en las alertas, confíen en lo que digan. Validen los síntomas que tienen, los cambios de emociones que presentan, porque sufren en silencio, son manipulados por personas malas que lamentablemente hay en Ecuador y en el mundo. Y uno de ellos es este pedófilo, perdón por la expresión, pero eso es. Es un pedófilo que anda libre y que se ha topado con varios niños. Nosotros tenemos que esquivarlo, tratar de ir por otro lado para que nuestros niños no vivan o revivan todo lo que este infeliz les hizo y les dijo.

Por otro lado, pedir a la justicia que vele por los derechos de los niños. La justicia nos ha decepcionado una y mil veces: la fiscalía y la judicatura. El Ministerio de Educación también porque debería haber hecho seguimiento de los profesores negligentes, abusadores, violadores para que no vuelvan a ejercer este tipo de trabajo en ningún otro instituto.

Cronología del caso Dalcroze 

  •  Marzo de 2025: El profesor es detenido en flagrancia.
  • Abril de 2025: La exministra de Educación, Alegría Crespo, anuncia la detención del profesor.
  • Mayo de 2025: La jueza del cantón Rumiñahui otorga medidas sustitutivas al acusado.
  • Octubre de 2025: El tribunal penal de Quitumbe sentencia al profesor a 17 años y 4 meses de prisión.
  • Enero de 2026: Se realiza una audiencia preparatoria de juicio por una nueva denuncia de presunto abuso sexual.

Aviso legal: Este episodio aborda testimonios reales sobre casos de abuso sexual infantil y negligencia institucional. El contenido se presenta bajo el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y el interés público. La revista Bagre no asume responsabilidad legal por las declaraciones de los invitados. Se recuerda que, de acuerdo con la legislación ecuatoriana, se presume la inocencia hasta que exista una sentencia ejecutoriada; no obstante, este espacio prioriza el derecho de las víctimas a la verdad y la reparación. Si este contenido resulta sensible para usted, recomendamos discreción.

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