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Inundaciones en Chone: «¿Qué puede doler, sino el alma, después de perderlo todo?»

Ilustración: Equipo Bagre

En Chone, provincia de Manabí, las lluvias destrozaron todo. Mientras dura la temporada invernal, los choneros viven en una constante amenzana, porque pueden perder hasta la vida. Si deseas colaborar, acude a Chone con colchones, mantas, agua, alimentos no perecibles y prendas de vestir. Tu mano solidaria puede hacer la diferencia

Quito - 10 Mar 2024

La calle principal del barrio Santa Rita, en Chone, provincia de Manabí, está rodeada de agua y lodo.

Este sector, ubicado a un lado del anillo vial de Chone y cerca del río que lleva el mismo nombre, es un montón de casas inundadas, tierra húmeda, pozas de aguas grisáceas y olor a podrido. Un fuerte olor a podrido, un golpe para el olfato. 

No hay una sola casa seca, todas se inundaron. En las esquinas de las calles hay basura y restos de muebles y enseres que se dañaron con las lluvias. Hay, además, decenas, cientos de moscas que vuelan bajo, alrededor de los rostros de los habitantes de Chone y son molestosas. Insoportables.

Al interior de las viviendas, sus moradores intentan sacar el agua con baldes. Las  puertas y ventanas permanecen grises y como es obvio, mojadas.

El 20 de febrero todo se echó a perder. El río Chone se desbordó y las viviendas se inundaron, los enseres se perdieron. Era imposible encontrar algo rescatable. 

Los choneños lo perdieron todo. Esto sucede cada año durante el invierno. Es la “rutina del desastre”.

A un lado de la calle principal de la calle Santa Rita, en Chone, está la casa de don Freddy Álava, 69 años de edad. 

El agua, que se ha empozado en el portal, le llega hasta debajo de las rodillas y por suerte, no ha subido al borde de sus botas de caucho. El día que comenzó la inundación, el agua llegó a dos metros de altura. 

La casa de don Freddy es de dos plantas. Todo el primer piso quedó cubierto de agua. Ahora  ha bajado. En su interior, una mujer mueve una cocina y una mesa. Revisa si algo sirve. Pero no. Todo se ha mojado.

inundciones Chone 2024
Una familia es escatada por el Cuerpo de Bomberos de Chone de la emergencia que provocaron las últimas lluvias. Fotografía: Cortesía Municipio de Chone.

Don Freddy permanece sentado en una silla de plástico en medio del agua empozada. Su rostro tiene un rictus de resignación. 

A  su lado, una nevera (refrigeradora) ha quedado volcada, producto de la inundación, que trajo el desbordamiento del río Chone. 

En otra habitación, alguien limpia una cama. Algunos enseres aún flotan en el agua.

Sin embargo, don Freddy no se inmuta:

“Esto pasa todos los años. Este año, el invierno ha sido más fuerte. Pero así sucede todos los años”.  

Su resignación confunde. Tal vez no es comprensible para quienes no vivimos en Chone. 

Chone es un cantón manabita de 130.121 habitantes —representa el 9,9% de la población total de la provincia de Manabí— según el último censo del 2022, realizado en Ecuador. Está ubicado a 70 kilómetros de Portoviejo, la capital de Manabí.

Al cantón Chone lo rodean de tres ríos: Mosquito, Garrapata y Chone. El más importante, por el caudal de aguas, es el Chone.

Cada invierno, con las lluvias fuertes, el río Chone —que nace en las faldas occidentales de la Cordillera de Balzar y recibe las aguas de los ríos Mosquito y Garrapata— se desborda en la ciudad de Chone, que se encuentra en una cota mucho más baja:

“Es como si le echaras agua a una olla”, dice la choneña Sirena Moreira, mientras mira su casa inundada, con agua de una tonalidad café claro.

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Las inundaciones destrozaron todo a su paso. "Ahora mismo, sólo tengo lo que llevo puesto", dice Sirena, una chonera que ha visto cómo Chone se inunda, desde que era una niña. Ahora que es adulta, la situación no ha cambiado. Fotogafía: Leonardo Ceballos.

Y continúa Sirena:

“Chone está en una planicie. Cuando llueve, esa planicie se va llenando y llenando, hasta que llega el momento en que todo se moja. Mire mi casa, cómo quedó”. 

Sirena vive en esa casa con su hijo de 35 años de edad.  Desde que se inundó, un vecino les dio posada por unos días. 

El año pasado el agua subió, pero no fue “mucho”. Llegaba por  debajo de las rodillas, y Sirena y su hijo pudieron permanecer en la casa, porque está construida  sobre horcones altos. 

“Este invierno fue diferente. El río salió con una fuerza descomunal, como con rabia y el agua arrastró todo”, cuenta Sirena. De hecho, el Municipio de Chone calcula que, el 20 de febrero, se generaron 74 metros cúbicos de agua por segundo.

“Ahora mismo sólo tengo lo que llevo puesto, no he ingresado a mi casa. No qué se me dañó”.

Este invierno 2024, las inundaciones en Chone afectaron a 12 mil viviendas, según el Municipio de la ciudad. 

Hay 5 mil familias damnificadas y unas 10 mil hectáreas de sembríos que se inundaron. Las pérdidas superaron los 12 millones de dólares.

Don Ramón Vera, habitante de Chone, comenta que las inundaciones son un mal sin solución: 

“La gente se acostumbra a las desgracias, a estar cada año buscando un lugar para huir de las inundaciones”.

Él, por ejemplo, tiene una casa en el centro de la ciudad que quedó totalmente  afectada. 

Por suerte, Don Ramón tiene una finca en la zona alta de Chone y se mudó allá. Trata de rescatar algo de lo que ha sembrado, porque también, el exceso de agua daña sus sembríos: verduras y frutas:

“Es como todo en la vida. Todo en exceso es malo”. Su rostro, curtido por el sol, luce pensativo. 

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En los refugios que se han improvisado en Chone, las familias necesitan: colchones, alimentos no perecibles, mantas, ropa. Tu colaboración con estos hermanos ecuatorianos puede hacer la diferencia. Fotografía: Leonardo Ceballos.

En los cerros que rodean a Chone, la preocupación son las quebradas y los deslizamientos de tierra: 

“Si no pasa eso, estamos bien, tranquilos”, expresa Xiomara Cuzme.

Haciendo un ejercicio de resiliencia continúa:

“He perdido todo lo material. Pero estoy contenta, porque estoy con vida”.

Xiomara pudo salir a tiempo de su casa. Por un instante, cuando el agua empezó a entrar a las casas de Chone, pensó que tenía tiempo para rescatar sus enseres.

No obstante, mientras fue hasta la carretera, hacia la zona más alta, para poner a  sus hijos a buen recaudo, el agua superó el metro y medio de altura:

“Todo sucedió tan rápido. Tuve que regresar, porque me daba miedo, el agua subía de manera descontrolada”. 

Para Xiomara, las del 2024, han sido una de las peores inundaciones.

Recuerda que cuando era adolescente, el Fenómeno del Niño, provocó algo similar. Ahora, a sus 35 años, ha visto nuevamente cómo Chone se inunda:

“La gente sale de su casa con lo que más puede encima de la cabeza o del hombro”.

Después de un suspiro dice:

“La imagen de los niñitos, rescatados en termo cunas del hospital, es algo demasiado doloroso. Antes no había pasado algo así”.

Cuando las aguas bajan en Chone, sigue la emergencia. Todo está mojado, todo está inservible

La mañana del 22 de febrero, la altura del agua había bajado en Chone. Ya no llegaba “al cuello”. Sólo daba hasta los tobillos. Se podía transitar por las calles con botas.

Esa mañana era más de lo mismo para la familia de María Olmedo: dormir fuera de su casa, en la esquina de un redondel, bajo una carpa, junto a otras tres familias. 

Un camión les brindaba atención médica. Los paramédicos preguntaban si algo les duele:

"¿Qué puede doler, sino el alma, por haberlo perdido todo?", dice María. 

Ella decidió no regresar a su casa, porque es verdad que las aguas han bajado, pero el barrio huele muy mal. 

“El lodo, mezclado con las aguas residuales de las casas, ha formado una especie de masa desagradable, con hedor muy fuerte, como a basura en descomposición. 

“No vamos a regresar por el momento, la casa hay que limpiarla bien, hay que ver qué sirve y que no. Lo mismo pasó el año anterior, tuvimos que esperar”.

María permanece de pie ante la tragedia, ante una pila de mochilas con ropa. Ante colchones en el suelo. Ante plásticos que, en la noche, servirán como paredes.

María no pierde la esperanza de que algún invierno su casa no se inunde, y no tenga que abandonarla.

Son las cinco de la tarde. Falta una hora o dos para que caiga la noche. Pero en Chone, el cielo está oscuro. 

Una nube gris se posa encima del cantón y grandes gotas, del tamaño de las yemas de los dedos, empiezan a caer sobre los techos de las casas y se estrellan en el suelo. 

Las gotas de lluvia, hacen un sonido infernal al contacto con las carpas donde duermen los damnificados que dejaron las inundaciones en Chone. 

Para María, son ruidos que le traen recuerdos horribles y dolorosos. 

El sonido de la lluvia revive en ella la desesperación e impotencia que sintió hace pocos días, cuando su casa se inundó y tuvo que abandonarla. 

A María le destroza el alma, saber que cada año, los habitantes de Chone son noticia de primera plana de todo un país. Para luego, ser olvidados por completo. Por el resto de ecuatorianos. Por las autoridades.

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