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Natasha Salguero: "Soy absolutamente exigente con la escritura"

Revista Bagre.
Natasha Salguero es escritora, poeta y editora. Fue la primera escritora mujer que ganó el premio literario Aurelio Espinosa Pólit. Fotografía: Fundación Mandrágora.

Natasha Salguero Bravo es novelista, poeta, dramaturga y lectora irredenta. 

Cursaba el tercer año de educación básica cuando asomó el caudal de cultura que heredó de su familia.

“En el colegio había un periódico en donde uno podía publicar y mi profesor nos había mandado de tarea unas composiciones. Entonces preguntó al leer mi trabajo si me habían ayudado y respondí que nadie". 

En ese instante, Natasha se dio cuenta de que escribía bien. 

"Desde que aprendí a leer, leía muchísimo”, manifiesta.

De ese tiempo recuerda haber lactado de poetas como Gustavo Alfredo Jácome; y de obras clásicas como Huckleberry Finn, Tom Sawyer y Mujercitas

Más tarde se nutrió de las novelas de Julio Verne, Robert Louis Stevenson, Jack London, Emilio Salgari, Herman Hesse, las hermanas Bronte y José de la Cuadra. 

"El mundo de la literatura, por suerte, es infinito", dice para ponerle punto y aparte a un inventario que podría durar horas. 

Y el premio es para… una mujer

Revista Bagre.
Azulinaciones fue la novela con la que Natasha Salguero se consagró como literata al ganar el Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit. Salguero fue la primera mujer en la historia de este concurso que se alzó con este premio. Fotografía: Goodreads.

En el año 1989 escribió la obra que le hizo merecedora del Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit: Azulinaciones, una novela que habla sobre el aborto de una manera brutal, descarnada, vívida. 

Ese reconocimiento llegó de la mano del periodismo. 

No hacía mucho que había empezado a trabajar en la revista Nueva por invitación de Magdalena Adoum. 

Era el año 75 o 76 cuando realizó un reportaje sobre el aborto. 

"Hice una investigación sobre este tema tan delicado por todo lo que implica, desde la moral religiosa, la salud, y los derechos sexuales y reproductivos". 

Todo ese proceso "era espantoso, denigrante para la mujer, y me quedó una impresión terrible. Cuando escribí la novela, el tema salió en otro registro, ya no en el periodístico sino en el narrativo”. 

En aquella ocasión Jorge Dávila Vázquez, Juan Valdano y Marco Antonio Rodríguez, con quienes forjaría luego una gran amistad, integraban el jurado del concurso.  

Natasha narra que decidió participar por la seriedad del concurso, además de ser un premio que puede declararse desierto, lo que, a decir de la poeta, garantiza que las obras que ganan sean de calidad. 

Sin embargo, la escritora se presentó en el Espinosa Pólit con el pseudónimo "Félix", un nombre con el que quiso esconder su género.

“En el momento en que estaba finalizando la impresión elegí un nombre de hombre porque no quería que el jurado se prejuiciara ni a favor ni en contra del texto, sabiendo que se trataba de una autora", matiza la escritora. 

"Yo quería que el asunto fuera imparcial. Pensé en un seudónimo que no dijera nada, como Félix. Entregué con alegría la novela. La verdad, pensé que sí tenía oportunidad”, señala Natasha. 

Sus anhelos

“La poesía es algo que siempre se está escribiendo y a veces uno toma contacto con esa inspiración”, cuenta Natasha. 

—Su más reciente libro se publicó en 2013. ¿Cuándo tendremos algo nuevo de su factura?

—Presenté una novela a dos editoriales y me dijeron que solo les interesaba las novelas policiales y de terror, y como no soy buena vendedora ni soy persona que consigue las cosas vinculándose con otra gente o insistiendo, ahí la tengo —dice con resignación, pero sin lunares lastimeros—. 

—Me estaba preguntando si para volver a publicar narrativa debería volver a concursar porque me parece que por ahí se vuelve más viable. 

Este 8 de septiembre relanzará su novela Azulinaciones, a las 18:00, en la Casa de la Cultura de Quito.

Antes de colgar el teléfono aparece Natasha Salguero la correctora de estilo y editora; pide que se haga con prolijidad la transcripción de lo que ha dicho: 

“Suelo quemar los manuscritos si mi escritura no me satisface", dice para expiar la culpa literaria que la obliga a reducir a cenizas sus textos cuando cree que son lejanos a la excelencia con la que se ha comprometido. 

"Soy absolutamente exigente”, dice categórica.