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Víctor Lema, el mentor del Casino Auca

Víctor Lema, propietario y administrador del Casino Auca, observa el estado descuidado del lugar donde funcionó su negocio. Fotografía: Gabriela Castillo.

El inicio y el final del Casino Auca tienen un nombre en común: Víctor Lema.

El ambateño, de 60 años, dedicó cuatro décadas de su vida a la labor como administrador de casinos y juegos de azar.

Cuando Don Víctor cumplió los 19, conoció los trucos y gajes del oficio. Se inició como croupier (controlador de apuestas) en el hotel Ambato.

Su pasión por los casinos nació en 1980, después de conocer a Marco Vinicio Reyes, un casinero ecuatoriano, radicado en Las Vegas (Estados Unidos), quien impartió un taller para 300 aspirantes.

Ventana de uno de los pisos del hotel Auca, donde funcionaba el Casino con el mismo nombre. Fotografía: Gabriela Castillo.

En ese espacio, Víctor vio la soltura del manejo de naipes, fichas y todos los trucos que detonaron su vocación.

Semanas después, le propusieron a Víctor vivir en Quito, donde se dedicó de lleno a esta actividad.

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El primer lugar donde trabajó Víctor fue en el hotel Real Audiencia, en la Plaza Santo Domingo.

Luego se conformó el Casino en el hotel Auca, en donde ascendió como administrador y después gerente.

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Los tiempos de gloria

Víctor recuerda con nostalgia esa época en la que hizo muchos contactos y amigos.

Unas de las memorias que le tiene presente es que mientras los clientes se dedicaron a los trajines lúdicos, disfrutaban de espectáculos con artistas en vivo como Franklin Villegas, Víctor Cando (vocalista de Sahiro), Fabio Ramón, Shalo Sandro de Ecuador, Grace Carrillo, Jaime Enrique Aimara, Tirso Gómez, Los Golpes (Chile), entre otros.

Antes del cierre de los casinos, Lema recuerda a su negocio como un local en donde la gente venía a divertirse, a pasarla bien. "Fueron tiempos de oro para los juegos de azar".

Pero el peor obstáculo que enfrentó Víctor Lema fue el cierre definitivo de los casinos, tras la Consulta Popular de 2011.

Aunque el Gobierno dio un plazo para la clausura, Lema se vio obligado a cerrar el casino ocho meses antes del plazo por órdenes municipales, lo que ocasionó otro inconveniente: cancelar de manera anticipada la liquidación de al menos 50 personas.

El ciudadano aseguró que vendió sus propiedades y demás bienes para pagar las liquidaciones a mis empleados.

Pasaron 10 años de ese duro golpe. No solo del instante en el que se quedó sin su oficio, sino también de aquella temporada en que pensó en quitarse la vida.

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