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El bagre en la literatura y la cultura popular ecuatorianas

bagre revista
El bagre es multifacético: despierta pasiones y criterios encontrados. Amado por unos y aborrecido por otros, su presencia nunca pasa inadvertida.

Referencias al bagre en Ecuador se hallan en temáticas de lo más variadas, como gastronomía, literatura, arquitectura patrimonial, semiótica y hasta en mitos de la cultura popular que le otorgan características afrodisíacas. 

Este pez, cuyo nombre deriva del catalán bagra —con idéntico significado en el español—, y que a su vez proviene del latín pagrus, es tan popular que comenzó a brillar con sabor propio en la literatura ecuatoriana desde el año 1943.

Aparece por primera vez en la obra Juyungo (historia de un afroecuatoriano, una isla y otros afroecuatorianos), del autor esmeraldeño Adalberto Ortiz Quiñónez.

Luego pasaría por la célebre novela María Joaquina en la vida y en la muerte (1976), del cuencano Jorge Dávila Vázquez y, finalmente, en el cuento Por la tierra, del poeta guayaquileño Rafael Díaz Ycaza, en el mismo año. 

Elking Araujo, académico y lexicógrafo quiteño, creador de un corpus y de un diccionario de citas elaborado en Ecuador, reúne varias acepciones de la palabra bagre.

En la segunda de ellas recoge el significado castizo que le han dado los ecuatorianos: "feo referido a un compañero sentimental, o un individuo".

En ese sentido su corpus registra una cita de 1998 de la revista Vistazo, que se titula Galo y David en vivo y en directo: "Superman tenía a su Luisa Lane y Aquaman tenía a su bagre".

Pero a juicio de Araujo, su uso debe ser mucho más antiguo porque bagre viene de bagrero, que es el individuo que gusta de personas o cosas feas. 

Su investigación recoge una cita de 1996 de Francisco Febres Cordero cuando en un artículo publicado en el desaparecido diario Hoy escribió: «De la larga lista de beneficiarios lo que se deduce es que mucha música le ha gustado contratar al Dahik y medio bagrero ha sido para la selección de los artistas». 

 «Esto me da la pista de que viene de la década de los 70 u 80. En los cuentos de María Eugenia Viteri, de la década de los 70, ella usa el término ‘bagrero’, lo que pasa es que no necesariamente nació cuando se registró en el corpus», aclara.  

El bagre tiene su monumento en Guayaquil

Honrar la memoria de un animal por medio de un monumento tiene su justificación cuando los homenajeados han tenido alguna trascendencia que deba ser perennizada.

En Rusia está la estatua dedicada a la perra Laika, por ser la primera en ir al espacio; en Japón la fidelidad del perro Hachiko —del cual se hizo hasta una película con Richard Gere como protagonista— tuvo su recompensa con la estatua ubicada en la estación de Shibuya, en Tokio.

En Estados Unidos, la pujanza y la fortaleza de esa nación luego de la crisis bursátil del año 1929 está simbolizada en el gesto fiero y arrasador del famoso toro de Wall Street. Todos, como se ve, tienen un porqué.

En Guayaquil, como en quizás ningún otro sitio del mundo, tenemos un monumento de cobalto de 2.2 metros de altura por cinco metros de superficie, obra del escultor José Antonio Cauja, erigido en el malecón de Bellavista, para reconocer al bagre. 

Sí, como lo lee, al bagre, ese pez negro, de agua dulce, fácilmente reconocible por sus luengos bigotes —que en realidad son órganos sensoriales— de cuyo cuerpo y cabeza, según pregonan los que saben, se hace un caldo propicio para levantarle el ánimo a cualquiera. 

¿Y esta es razón suficiente para homenajearlo con un monumento cual si fuera un prócer de nuestra gastronomía? Porque con ese criterio se le podría hacer uno al chivo, otro a la albacora, al chancho…

Pero hay un gran pero: el bagre en Ecuador es dueño de unas características que lo hacen único entre todos. Los que han comido caldo de bagre saben de qué se trata. 

A decir de la historiadora Libertad Regalado, su presencia en la mesa ecuatoriana no tuvo un origen muy noble que digamos.

Según Regalado, los caldos en nuestra gastronomía, al igual que ciertas ensaladas, tuvieron sus inicios en el siglo XIX, cuando las clases pudientes compraban pescado y otros animales y solo aprovechaban la carne.

Según Regalado, los caldos en nuestra gastronomía, al igual que ciertas ensaladas, tuvieron sus inicios en el siglo XIX, cuando las clases pudientes compraban pescado y otros animales y solo aprovechaban la carne y las lonjas.

La cabeza, el espinazo y hasta ciertas vísceras eran utilizados por la servidumbre para preparar con los productos que tenían a su alcance algún tipo de comida que les fuera provechosa.

En el caso del bagre agregaban verde, yuca, maní y culantro. Así solucionaban el hambre de una manera creativa y a poco costo.

Este habría sido el origen del caldo de bagre en Ecuador que, por otro lado, siempre ha guardado ignominiosa distancia de otros peces, como la corvina, el camotillo, el picudo y el róbalo, considerados alimentos para paladares de fino mantel.