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Alba Calderón, la artista de las manos mágicas

Alba Calderón rodeada de sus obras pictóricas. Ilustración: Natalia Álvarez. Dirección: Doménica Ortiz.

Soy Alba Calderón. Nací en 1908, en Esmeraldas, una provincia costera y fronteriza del norte del Ecuador.

En aquella época, las mujeres ingresamos por primera vez al mundo del arte. No solo como musas o modelos, sino también como artistas. 

En Ecuador, este logro fue uno de los coletazos que dejó la instauración de la educación laica, lo que permitió a las mujeres, de todos los niveles y estratos sociales y económicos, acceder a la instrucción formal. 

También contribuyó a esta conquista, el derecho al voto, en el año de 1928. 

Estos cambios permitieron que comencemos a interactuar en espacios que antes eran reservados exclusivamente para los hombres.

Sin embargo, los estereotipos, prejuicios y paradigmas sobre nuestro papel en la sociedad no habían sido superados. 

Más bien, nos enfrentamos a ellos con las nuevas armas que teníamos en nuestras manos: la educación laica y el voto. Así logramos destacarnos en campos como las ciencias educativas, las artes y la cultura.

Pese a nuestros logros, los libros nos mencionan de forma escueta y superficial.

Mi vida como artista plástica y activista política

Mis actividades pictóricas me llevaron a involucrarme en círculos políticos y de activismo. Es así que plasmo en mis obras un contexto de crítica social, al que se le llamó realismo social.

Sentía la necesidad de plasmar mi inconformidad  ante la desigualdad y la pobreza. En 1937 pinté los óleos: Tejedora de hamacas, Después del velorio, El betunero, La zamba. Ese mismo sentimiento me llevó a inspirarme en los dibujos: Los desocupados, Mama Cloti o Juanita.

Mis inclinaciones políticas eran de izquierda. Sin embargo, los círculos sociales e intelectuales que frecuenté junto a mi esposo, el escritor Enrique Gil Gilbert, pertenecían a diversas tendencias ideológicas. Esta apertura nos permitió relacionarnos con figuras como León Felipe, David Alfaro Siqueiros, Pablo Neruda o John Dos Passos.

Mis obras han sido expuestas en más de sesenta países y eso me ha dado la oportunidad de hacer conocer, fuera de nuestras fronteras, la realidad que viven muchos ecuatorianos.

En la actualidad se exhiben en el Museo Antropológico de Arte Contemporáneo (MAAC) de la ciudad de Guayaquil.

Fallecí en 1992. Si volviera a nacer, volvería a ser pintora, activista y feminista.

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