Bagrear

¿Un dólar de mandarinas?

Mandarinas dolar
Un dólar de mandarinas. Ilustración: Aliatna/ Revista Bagre

No entiendo de numismática. Así que busqué en Google sobre monedas de un dólar elaboradas en plata. Me enteré que estas raras piezas se ofertan en Ecuador a un precio de entre 35 y 70 dólares, dependiendo de su estado de conservación. 

Entonces comprendí el enojo de mi esposo. Cuando llegó a casa me preguntó si la última vez que manejé su carro yo había tomado una moneda plateada de un dólar que estaba donde él acostumbra  guardarlas.

Por la expresión de su rostro y el evidente malestar, deduje que la desaparición de la moneda era algo grave. ¡Gravísimo! Le respondí que no, que yo no la había tomado y que ni siquiera la había visto:

—Imagínate, si debo estar súper atenta cuando manejo, ¿cómo me voy a poner a rebuscar tu carro? ¿En qué rato? ¿Para qué? ​​—argumenté sin mucha convicción mientras desviaba la mirada.

No soy buena para mentir y la expresión de mi rostro me delató. Mi esposo me miró furioso, resopló por la nariz, tenía el rostro rojo como una manzana y los cabellos se le crisparon. Se dio la vuelta y lo vi alejarse, dando zancadas de gigante. ¿O de ogro?

Cuando me quedé sola me puse a atar cabos. Recordé que el sábado, mientras manejaba su carro, me detuvo un semáforo y aproveché para comprar un dólar de mandarinas. A más de la presión del tiempo que ejerce la luz del semáforo, el calor  del mediodía era insoportable en Quito: 25 grados, más o menos. Busqué algunas monedas para pagar la fruta y la única que encontré fue la de un dólar de plata (que yo no sabía que era de plata).

Cuando la moneda se puso en contacto con los rayos del sol, su brillo aumentó y como nunca se había puesto en circulación, seguía nueva. 

Sin pensarlo dos veces se la entregué a la vendedora; recibí las mandarinas y me alejé del lugar. Ahora que lo recuerdo, las mandarinas se quedaron en el carro, nunca las bajé ni me las comí.

Me siento como en el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa: cambié una moneda de plata de setenta dólares por un dólar de mandarinas.