Bagrear

Un colchón en la basura

Contenedor de basura
No sabemos usar los contenedores de basura. Ilustración: Aliatna/ Revista Bagre

Las bolsas plásticas de basura estaban desgarradas. Papeles, cartones, cáscaras de huevos; cortezas de frutas y legumbres se encontraban desperdigados por la vereda. Todos los residuos se hallaban fuera del basurero. Esa tarde del lunes la gente pasaba de lado mientras se tapaba la nariz. Aunque nadie hizo nada más que horrorizarse. 

En septiembre de 2014, el personal de la Empresa Pública Metropolitana de Aseo de Quito (Emaseo EP) colocó ese contenedor en un espacio enmarcado con dos franjas amarillas, tres metros abajo de una vivienda de dos pisos, que pertenece a un conjunto habitacional de 50 familias, localizado en el sector de la Quito Norte, a dos cuadras de la Universidad Indoamérica. El objetivo era mejorar la recolección en todas las Administraciones Zonales de la capital, evitando así la generación de microbasurales y la acumulación de residuos en puntos estratégicos.

En teoría, el Sistema de Recolección de Contenedores fue creado para mejorar el ornato de la ciudad, eliminando los microbasurales y manteniendo los residuos fuera del alcance de animales callejeros o de plagas. También contempló la recolección de la basura las 24 horas, los 365 días del año, pues se estima que una persona genera 0,85 Kg de basura por día. Es decir, al año produciría 319 kilogramos. Además se contempló que el usuario no camine más de 100 metros al contenedor más cercano, por lo que un dispositivo atiende a 40 familias.

Pero en la práctica no es así. Situaciones para citar hay muchas. He visto en el depósito desechos que no soporta: materiales de construcción o residuos voluminosos como colchones, electrodomésticos, llantas, etcétera. 

Los recicladores también dañan el dispositivo cuando hurgan en los contenedores, pues se suben sobre la manija. A eso se suma que destrozan las bolsas de basura cuando buscan cartón, vidrio, papel y otros materiales para reutilizar, pero no procuran dejarlas en su lugar, mucho menos limpiar la zona. 

Los vecinos dejan sus residuos afuera del contenedor y cuando el depósito está repleto, colocan a un lado sus restos, sin preocuparse del atentado a la sanidad ni el hecho de que ese mamotreto está ubicado a pocos metros de mi casa.

La noche del martes llegó personal de Emaseo. Retiró los restos del contenedor. Un agente recolector vio toda la basura desperdigada. Se puso unos guantes y recogió con las manos los restos arrojados en la vereda. La calle quedó limpia, hasta que el contenedor se vuelva a llenar.