Bagrear

¿Por qué son tan groseros los funcionarios del seguro? 

Ilustración: Aliatna

¡Qué amargura! No es una canción. Es una sensación. 

Cada vez que voy a usar los servicios del Seguro de Salud, termino asustada. 

No voy a decir el nombre. Todo el mundo sabe a qué institución me refiero.  

No es nuevo de que esa dependencia -por la cual cada mes nos descuentan de nuestros haberes- se encuentra en crisis: los recursos económicos no alcanzan, no hay medicinas, no hay personal, escándalos de corrupción y demás. 

Creo que esta vez es necesario referirme a algo que también enlista las causas del "pronóstico reservado" que enfrenta este seguro de salud: personal descortés y mal educado. Sí. 

El viernes 19 de agosto, alrededor de las 21:30, acudí al dispensario de Cotocollao (norte de Quito), ese que queda en la Avenida de La Prensa, cerca de Los Gemelos. 

La espera siempre es larga

No éramos muchas las personas que estábamos en la fila. Solo estábamos tres. Pero la espera para llegar al triaje fue más de 45 minutos. 

El guardia indicó que el mismo empleado que tomaba los signos vitales, se encargaba de colocar las inyecciones y otros menesteres. 

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Es decir, que mientras el señor no terminara de atender a los pacientes en el área interna, no acudirá a tomar signos. 

Por fin llegué a signos vitales y me atendió el doctor. Me prescribió dos ampollas para inyectarlas ese mismo instante.

Personal displicente

Llegué al área de Farmacia y me recibió un individuo con "discapacidad bocal" (noté que no podía pronunciar buenas noches, cuando el usuario le saludaba). En fin. No quise darle importancia. 

Acto seguido, el "caballero" arrojó la lista de la receta para que sea firmada como constancia de recibir las medicinas.

Yo olvidé poner el número de teléfono en esos recibos y el "distinguido servidor" alzó la voz exigiendo el dato faltante. 

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No hice pleito. Me fui con mi dignidad. En un principio pensé. "Es viernes por la noche; parece que quería ir a farrear, pero le tocó trabajar". Pero luego entendí qué pasó con este empleado mal encarado. "Le falta que lo entiendan y lo atiendan". 

Enseguida me viene a la mente: ¿Por qué son tan groseros los empleados, las enfermeras -y hasta los doctores- de esta cadena de salud? 

¿No les ha pasado a ustedes que las funcionarias que atienden en ventanilla se creen con más poder que asesor de ministro? 

¿En algún momento a ustedes les ha dado recelo hacer una pregunta a las funcionarias porque salen con groserías? 

¿Por qué la atención descortés del personal tiene que ser otro de los factores que evidencia la crisis de esa institución social? 

El personal que atiende a los afiliados (salvo ciertas excepciones) vive de nuestros aportes. Los afiliados somos la razón de este seguro público, pero eso deja mucho que desear en cuanto al trato de los clientes externos. 

La calidad en el servicio del seguro no solo consiste en que haya medicinas y suficientes recursos. 

Al personal le falta un curso de relaciones humanas, comunicación interna y habilidades blandas. El talento humano bien capacitado es también un importante elemento dentro de cualquier institución.

Un empleado de la farmacia lanzó la receta en mi cara. Con ese mal humor pensé que era una persona "mal entendida y atendida"