En un nuevo capítulo de Opinión & Glitter, la directora de revista Bagre, Alicia Galárraga, dialogó con las doctoras Annabell Guerrero Pita, Gina Gómez De la Torre y Pilar Rassa sobre la persistente y silenciosa realidad de la violencia de género, poniendo el foco en los contratiempos a los que nos enfrentamos las mujeres cuando solicitamos protección judicial.
El encuentro, enriquecido con los conocimientos de estas tres profesionales del derecho, fue propicio para abordar otros temas igual de importantes, como la penetración de la cultura de la violencia en la sociedad ecuatoriana y la falta de prevención.
La directora de revista Bagre dio inicio al diálogo con una pregunta que muchas mujeres nos hemos planteado: ¿Cuál es la forma práctica de pedir una boleta de auxilio o poner una denuncia por violencia de género?
La doctora Gómez De la Torre, a modo de obertura, confesó que conoce la violencia física y psicológica porque las ha vivido. Además fue enfática en advertir dos cosas: primero, que una mujer que sufre violencia —cualquiera que sea— debe reconocerse como víctima, y segundo, que debe de entender que el agresor no va a cambiar.
En cuanto a la interrogante planteada por la directora de Bagre, manifestó que, en el momento en que se produce el acto violento, la víctima debe contactar a la policía, la cual asumirá la responsabilidad de trasladarla a ella y al agresor a la unidad de flagrancia.
En Quito, la unidad de flagrancia está situada en la avenida Patria. Funciona las 24 horas del día.
Explicó también que si no capturan al agresor, la víctima debe de igual manera acudir a una de las unidades de violencia que existen en Quito para someterse al reconocimiento médico legal, a partir del cual podrá determinarse el tiempo de inhabilitación física de la víctima, porque con este certificado se sabrá si se trata de un delito —cuya inhabilitación por lesiones es de entre 3 y 30 días—, o de una contravención.
—Si lo que desea la víctima es una medida de protección, ¿qué debe hacer? Acudir a las juntas cantonales de protección de derechos, que en Quito están ubicadas en Pomasqui, en el centro comercial La Manzana. Allí le van a dar las medidas de protección urgentes, que generalmente son la boleta de auxilio, el alejamiento del agresor y el alejamiento de terceros —detalló Gómez De la Torre.
Lo más importante de este trámite —aseguró—, es que el agresor sea notificado para que no se acerque a la víctima, de ahí que sea imprescindible verificar que el agresor sea notificado.
Regresión de derechos
En una suerte de paréntesis aparte, Guerrero Pita remarcó que la Ley Orgánica Integral para la Prevención y Erradicación de la Violencia contra la Mujer fue aprobada en el año 2018 y constituye un hito para las mujeres, aunque no se ejecute adecuada o eficazmente, porque incluye varios tipos de violencia que antes estaban invisibilizados, como la violencia política, la violencia económica y la violencia obstétrica; es decir, no sólo la física, la sexual y la psicológica, que figuraban ya en el Código Orgánico Integral Penal (COIP), pero que se amplían en esta ley.
Pilar Rassa también ofreció su punto de vista sobre la ley, cuya pretendida reforma le causa preocupación.
—Cada vez que se toca una ley que está hecha para prevenir, sancionar y cuidar los derechos de las mujeres, se produce una regresión.
Rassa puso como ejemplo la eliminación del Ministerio de la Mujer, que fue adscrito al Ministerio de Gobierno; además hizo evidente su malestar ante la carencia de recursos para la prevención.
—Si no hay prevención no hay nada, porque la prevención es la clave.
Continuando con la explicación sobre el camino que deben seguir las víctimas de violencia de género para poner una denuncia, Gómez De la Torre aclaró que una vez que la víctima recibe la medida, los jueces van a determinar si la ratifican o no en función de varios eventos, como el grado de peligrosidad del agresor.
Lo preocupante aquí —advirtió— es que los médicos legistas generalmente inhabilitan a la víctima entre uno y tres días, a pesar de sus lesiones. ¿Por qué? Porque no quieren asistir a las audiencias de juicio.
De cualquier manera, Gómez De la Torre insistió en que la víctima debe hacerse el reconocimiento médico legal.
En cuanto a los casos de violencia psicológica, que generalmente no constituyen flagrancia, señaló que la víctima debe ir a la fiscalía para el reconocimiento y para que se establezca el grado de violencia en función de la afectación.
—Una vez realizado el reconocimiento, el fiscal tiene la obligación de enviar el informe a los jueces de violencia con el fin de pedir medidas de protección para la víctima —agregó.
¿Cuáles son los más comunes actos de violencia psicológica? Las amenazas y las desestimaciones. Por ejemplo: “no sirves”, “no eres buena en la cama”, “mi mamá cocina mejor”, “las otras mujeres son mejores que tú”, “eres fea”, “¿quién se va a fijar en ti?”.
Círculo de violencia
Sobre esta misma materia, Guerrero Pita remarcó que la violencia psicológica se manifiesta a través de expresiones que tienen como fin humillar, denigrar o mancillar la dignidad de las mujeres.
En esa línea advirtió que la sociedad ha normalizado a tal punto este tipo de violencia, que es permisiva con ella.
A juicio de la directora de revista Bagre, muchas mujeres no se dan cuenta de que están inmersas en estos círculos de violencia, por eso ciertos agresores tienen la habilidad de hacerlas sentir culpables con frases como "tú tuviste la culpa de que yo me enojara”.
Y es que la normalización de la violencia de género llega a tal punto —matizó Rassa— que las víctimas muchas veces no son conscientes de lo que están viviendo. Puso como ejemplo la experiencia que vivió con una clienta.
—Una señora acude con su hijo a mi consultorio y me habla de su vida. Al hacerle preguntas, no identifico el tipo de violencia que sufre: “¿Él es violento? No”. “¿Él dice esto? No”. Llevo más o menos dos horas hablando con la señora y no encuentro nada que me haga pensar que sufre violencia de género, hasta que el hijo exclama: "Mamá, ¿y el día en que mi papá casi te ahorca?”. Esos actos extremos no son esporádicos, no nacen de un día para el otro, son la respuesta a una escalada de violencia. Entonces le pregunto a la mujer, "¿intentó ahorcarla?”, y ella responde, con total normalidad, “ah, sí, pero sólo fue una vez”.
Rassa es categórica al mencionar que los chistes machistas son violentos; el denigrar a las mujeres, es violento; el hablar de las mujeres como un objeto, es violento. Además remarca la importancia de entender que cuando una mujer dice no, “es no”.
La doctora Gómez De la Torre, por otro lado, sugiere que es importante identificar las banderas rojas. ¿Cuáles son?
—“Préstame tu celular”, “no te vistas así”, “no quiero que te lleves con tal persona”, “dame el dinero, yo lo manejo (eso es violencia económica y patrimonial)”.
El agresor —asegura— busca ejercer poder sobre la víctima, es decir mantener una relación inequitativa de poder.
Señala, asimismo, que el victimario tiene la característica de ser narcisista, “yo soy lo máximo”, “yo soy mejor que tú”, en otras palabras, busca que la víctima le dé una posición de superioridad.
—¿Qué pasa cuando la mujer gana más que el hombre? —pregunta la directora de revista Bagre.
En ese caso —responde Gómez De la Torre—, busca minimizarla; lo mismo sucede cuando la mujer supera al hombre profesionalmente.
También menciona que en los juzgados de violencia existe el famoso violentómetro, que es un termómetro de la violencia a partir del cual la mujer puede ir determinando hasta dónde puede llegar el ciclo de violencia.
—El ciclo de violencia, óiganme, mujeres, termina en la muerte. De ahí que tengamos tantos femicidios. ¿Y cuál es el ciclo de la violencia? Primero, los golpes. Luego el arrepentimiento. Después la luna de miel y las promesas de cambio. Y, posteriormente, una nueva agresión, que va en círculo y que cada vez es más fuerte.
Para estos casos, manifiesta, hay centros donde las mujeres pueden acudir para pedir acogimiento. No hay muchos, pero existen.
—Cuando estuve en flagrancia como profesional, las víctimas decían que el agresor las había golpeado pero que ellas tenían la culpa. Muchas veces lo que hace el agresor es repetir lo que vio en su casa cuando era niño. Por otro lado, en algunas ocasiones son las mismas mujeres, madres de muchachos o de maridos agresores, quienes tienen la concepción de que está bien la violencia sobre la nuera —esposa del hijo— porque no cumple con su rol de atenderlo. En este caso, las medidas de protección pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Testimonio anticipado
En consonancia con lo expresado por Gómez De la Torre, la directora de revista Bagre consulta, ¿cuáles son las dificultades que enfrenta una víctima de violencia de género o de violencia intrafamiliar cuando va a poner una denuncia?
A la policía —responde Gómez De la Torre— la están preparando para que ofrezca un tratamiento especial a las víctimas, porque la obligan a contar la historia a los agentes, al fiscal, al psicólogo de la primera acogida, y eso es revictimizante, especialmente cuando hay violencia sexual.
—Como abogada, aconsejo a la víctima de violencia sexual que no se bañe después de la agresión. ¿Por qué no? Porque necesitamos todas las evidencias del proceso de violencia, como los rastros de la proteína P30 en los fluidos vaginales, aunque muchos violadores se cuidan incluso de hacerlo con condón.
La proteína P30, o antígeno prostático específico (PSA), es una glicoproteína producida en la próstata, utilizada fundamentalmente en medicina forense como marcador altamente sensible para detectar la presencia de semen en investigaciones de delitos sexuales.
—Lo importante es guardar todas las evidencias, como la ropa rota o los restos de la piel en uñas, y someterse a exámenes de sangre, orina y toxicológicos para hacer un reconocimiento en caso de que el agresor haya usado escopolamina o alguna pastilla, además recoger las placas e hisopos para establecer los fluidos.
Para Gómez De la Torre es esencial que se exija a los jueces el testimonio anticipado, porque con este la víctima no tiene que ir repitiendo a todo el mundo lo que le sucedió ni debe de acudir a la audiencia.
El problema de muchos policías y jueces —reflexiona— es que no tienen perspectiva de género.
En ese contexto, Rassa señala que en muchos de los casos de denuncia la policía traslada a la víctima y al agresor en el mismo patrullero, y que es habitual que en el trayecto el agresor convenza a la mujer, a través de súplicas o amenazas, de que desista de poner la denuncia.
Guerrero Pita ratifica lo dicho por Rassa al añadir que en el patrullero puede generarse un proceso de intimidación y amenaza.
En ese orden de ideas, Gómez De la Torre recuerda haber oído, por parte de los jueces, “se me está caducando la flagrancia”, por ello insiste en que es importante que el juez recoja el testimonio anticipado, ya que este quedará registrado, grabado y guardado en la cámara Gesell, para luego ser presentado en la audiencia.
—Con el testimonio anticipado no sólo se evitará la revictimización de la mujer sino la dilatación del juicio porque los agresores contratan generalmente a abogados que se especializan en dilatar los casos para que la víctima se canse.
Empatía con la víctima
Profundizando en ese hecho, Guerrero Pita señala que muchas veces la pericia psicológica de la víctima tarda hasta 6 y 8 meses, lo que abona a la impunidad, por ello retoma lo dicho por Rassa anteriormente en el sentido de que si hubiera recursos podría invertirse en prevención y evitarse todo esto.
Rassa, por su parte, destaca la importancia de la empatía.
—La empatía con la víctima debería estar en el ADN de todos quienes atienden en el ámbito de la justicia y en general de todos los funcionarios públicos. Vas a hacerte el examen médico legal porque has sido violentada sexualmente, te encuentras con 100 personas más esperando, y alguien dice, "que pase la violada”. Estas son cosas que uno pensaría que no ocurren, pero ocurren y preocupan. Si hubiera un mínimo de empatía con la víctima de violencia estas cosas no pasarían, pero los funcionarios se ponen en los zapatos del agresor.
Guerrero Pita suscribe lo dicho por su colega haciendo alusión al caso de un femicidio —suscitado un día antes de que las organizaciones que mapean los femicidios hicieran públicas las estadísticas de 2025— en el que una joven se reunió con cuatro “amigos” y terminó siendo asesinada por ellos. Los comentarios en las redes sociales; sin embargo, lejos de apuntar a los agresores que cometieron el atroz crimen, decían, “¿por qué fue con cuatro amigos? ¿Y para qué salió?".
—Siempre, desde la mirada machista, la culpa es de la víctima —sostiene Guerrero Pita.
Hay un paralelismo —dice la doctora Gómez De la Torre— con el caso de las Algodoneras de México, en donde la policía y el Ministerio Público no preguntaban, “¿qué pasó con la víctima?”, sino “¿cómo salió vestida?”, y “¿a qué hora salió?”, evidenciando un proceso violento de odio a la mujer a tal punto que, además de ser violadas, eran cuestionadas.
—El rol de la mujer era estigmatizado, no se podía concebir que la mujer pudiera salir a trabajar —precisa.
El caso Algodoneras deja un precedente en la justicia latinoamericana gracias al fallo de la Corte Interamericana que condenó la ausencia de la debida diligencia en el manejo del caso.
Ese fallo es vinculante para todos los países —puntualiza Gómez De la Torre—, de modo que en Ecuador se debe impartir justicia con perspectiva de género, y no detenerse a pensar en por qué la chica salió o bebió.
Luego de escuchar los comentarios sobre la debida diligencia y la perspectiva de género, a la directora de revista Bagre le asalta una pregunta que va atada al eje sobre el cual gravita la charla: ¿tienen formación en perspectiva de género los funcionarios judiciales?
Falta de contención
A juicio de Gómez De la Torre se les está dando formación, de hecho los jueces especializados deben tener especialidad en perspectiva de género; sin embargo, la doctora ha detectado algo que le preocupa y que siente que debería cambiar.
Se refiere a la falta de contención en los operadores de justicia, los fiscales, los jueces y los equipos técnicos.
—Llega un momento en que se vuelven tan fríos con las víctimas, como los médicos en los hospitales, pero el asunto también es económico porque faltan jueces, equipos técnicos y capacitación. ¿Qué me preocupa de la capacitación? Cogen, encienden la cámara y se van. Y alguien termina haciéndoles la prueba al final, cuando la idea es que en todos lados nos sensibilicemos.
Guerrero Pita encuentra otro problema, el cambio de los profesionales que han adquirido experiencia y que ya saben lo que es empatía.
—Hoy más que nunca se requiere el conocimiento del abordaje de este tipo de casos porque nos conecta con la realidad en este contexto de violencia en el ámbito del crimen organizado contra las mujeres, niñas y adolescentes —remarca.
Empresas libres de violencia
Para Gómez De la Torre, la responsabilidad de la prevención no sólo debe estar en manos del Estado, por ello, desde este enfoque, propone una alternativa.
—En algún momento escribí un artículo aquí en Bagre sobre el precio de los golpes, y vimos cuánto perdían las empresas en el trámite que hace una víctima para poner una denuncia. Iba contando cuánto es el costo por hora. Por diez horas de trabajo. Y eso es una pérdida tanto para la empresa como para la trabajadora. Así como las empresas cumplen con los famosos compliance e ISO, deberían convertirse en empresas libres de violencia. ¿Cómo? Enseñándoles a sus empleados lo que implica la violencia para que cambien el chip. Y que las mujeres reconozcan si viven violencia en su trabajo o en su hogar. Las empresas ganarían mucho, no sólo las privadas sino también las públicas.
Rassa reitera, como al inicio de la charla, que la prevención es fundamental, de ahí que hable de la necesidad de incluir políticas públicas en este sentido. ¿Por qué para ella es tan importante la prevención? Porque ha notado que los agresores son cada vez más jóvenes.
—Yo di un taller en un colegio de la ciudad cuyo nombre no voy a mencionar, pero se había producido allí un proceso de violencia contra una niña y la Junta de Protección de Derechos decidió invitarnos para hablar de violencia de género. Fuimos y me di cuenta de que la mentalidad de los chicos era que la violencia debía darse naturalmente porque esta forma parte de su hombría.
Rassa se sorprendió cuando supo cuál es la nueva prueba de amor entre los jóvenes: entregar la contraseña del celular.
—En el taller les decía a los jóvenes que “no” es “no”, que pueden ir presos por tener relaciones sexuales con una menor de 14 años, porque eso es violación. En cuanto a la joven del celular —la contraseña— le dije que el control que desea ejercer sobre ella su enamorado es una bandera roja. “Apenas vean ustedes manifestaciones de violencia, huyan”. “Él es chévere, sólo a veces se pone violento; huyan”.
Para Guerrero Pita, la violencia de género debe ser encarada formando a las y los adolescentes.
—Hay que enseñarles a las chicas que esas prácticas no son adecuadas, porque el control nada tiene que ver con una relación sana, y los chicos deben saber que tienen que respetar la autonomía de las chicas, ya que ellas no les pertenecen. ¿Por qué los hombres matan? —se pregunta.
—Porque creen que somos un objeto de su propiedad y en el momento en que algo pasa, como por ejemplo alguna infidelidad, matan —responde Rassa.
Para ella, una de las cosas que debe poner en alerta a la sociedad es que la violencia se está dando en chicos muy jóvenes, en niñas muy jóvenes.
Respeto a las diversidades
Guerrero Pita añade que también es indispensable enseñar el respeto a las diversidades.
—Hoy hay una noticia —16 de diciembre de 2015— muy dolorosa en todas las redes: el ataque con saña a una mujer trans. Ese hecho debería ser una motivación para enseñar a los jóvenes sobre el respeto a las diversidades.
A criterio de Gómez De la Torre, este hecho responde a la violencia que las redes y la televisión están inyectando todo el tiempo.
—En las redes y en la televisión, todos los días nos dicen “mataron”, “remataron”, “recontramataron”, “robaron”, “secuestraron”…todo es violencia. ¿Y en las novelas que ves? La buena chica pobre que luego se casa con el rico y va a ser feliz. ¡Violencia! ¿Qué tipo de música escuchamos? “Mátala, mala mujer, no tiene corazón”, “te compro tu novia”. ¡Violencia! ¿Y las de Bad Bunny? Son una golpiza sexual y de violencia. ¿Cómo se ven los cuerpos de las artistas? Conforme desea el narco. Estas transformaciones, sobre cómo debe ser el cuerpo de la mujer, son formas de violencia. ¿Qué están esperando las chicas hoy en día? Tener los cuerpos aspirados, no para obtener un título, sino para tener un narco que la mantenga. ¿Y los muchachos qué quieren? Mucho dinero en poco tiempo, aunque mueran mañana.
La cultura narco —sostiene Gómez De la Torre— se está integrando a la sociedad ecuatoriana a través de Las Muñecas de la Mafia, El Señor de los Cielos, el Cartel de los Sapos, por ello se pregunta, ¿por qué no nos ofrecen otro tipo de cosas en la televisión y en las redes?
Finalmente, Guerrero Pita cierra el diálogo con una exhortación a los responsables de ejecutar políticas públicas para que consideren las sugerencias de Gómez De la Torre en el sentido de que es deber de toda la sociedad trabajar contra la violencia.
—Dentro de nuestro metro cuadrado —remarca Gómez De la Torre.



