La participación destacada de Piero Hincapié y Willian Pacho en la final de la UEFA Champions League despertó orgullo y emoción en quienes nacimos en Esmeraldas. A la vez, fue un recordatorio de una realidad palpable: el abandono estatal de una provincia que sigue dando talentos al país, pese a las adversidades.
Dos esmeraldeños de cepa llegaron a disputar uno de los escenarios más importantes del fútbol mundial. Verlos en una final europea, fue motivo de alegría para una tierra que reconoce en ellos parte de su historia, de su fuerza y de su capacidad de resistir.
Más allá del resultado deportivo, este hecho reunió a dos futbolistas que llevan en su trayectoria las raíces de la tierra verde. Su presencia en una instancia de tanta relevancia internacional demuestra el talento que brota de una provincia que continúa formando deportistas capaces de integrar las élites del deporte.
Este momento de gloria también invita a mirar hacia atrás y recordar a quienes abrieron el camino. A lo largo de la historia, Esmeraldas ha sido reconocida como cuna de grandes deportistas que han destacado en disciplinas como el fútbol, el atletismo, el boxeo y la halterofilia.
Figuras como Iván Hurtado, Carlos Tenorio y Walter Ayoví llevaron el nombre del Ecuador a escenarios internacionales y se convirtieron en motivo de orgullo para todo un país.
A esa memoria deportiva también se suman mujeres esmeraldeñas que han abierto camino en escenarios internacionales. Alexandra Escobar, referente histórico de la halterofilia ecuatoriana, llevó el nombre de Esmeraldas a los Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales y panamericanos.

También lo hizo Marisol Landázuri, velocista nacida en la provincia, quien representó al país en los 100 metros planos y clasificó a los Juegos Olímpicos de Río 2016. Sus trayectorias recuerdan que el talento deportivo de Esmeraldas no solo se expresa en el fútbol masculino, sino también en la fuerza, velocidad y disciplina de sus mujeres.
Sin embargo, detrás de cada historia de éxito existe una realidad menos visible: la mayoría de estos logros se han construido desde el esfuerzo individual, familiar y comunitario, y no como resultado de políticas públicas sostenidas de promoción deportiva.
Esa falta de planificación e inversión se refleja, por ejemplo, en el deterioro y abandono del primer Centro de Entrenamiento para el Alto Rendimiento del país, ubicado en el cantón esmeraldeño de Río verde.
Este espacio fue concebido como una infraestructura estratégica para el desarrollo deportivo y comunitario de niñas, niños y jóvenes de la provincia. Hoy, sus instalaciones evidencian la ausencia de una visión de largo plazo en una provincia que históricamente le ha dado al Ecuador mucho más de lo que ha recibido.
No basta con celebrar las victorias. También es necesario crear condiciones reales para que las nuevas generaciones puedan acceder al deporte en entornos dignos, seguros y adecuados.
Eso implica contar con espacios adecuados, acompañamiento profesional, becas deportivas, programas de formación, recuperación de espacios públicos y políticas sostenidas que permitan que el talento no dependa del sacrificio personal.
Invertir en deporte es una inversión social que previene la violencia, fortalece el tejido comunitario y abre oportunidades para niñas, niños y jóvenes que necesitan alternativas concretas para construir un futuro distinto.

Es oportuno recordar que Esmeraldas enfrenta desafíos profundos como la inseguridad, el desempleo y la deserción escolar. A ello se suman los desastres ambientales que han golpeado a la provincia en los últimos años.
Uno de los más graves ocurrió en marzo de 2025, cuando un derrame de petróleo provocó una afectación significativa a ríos y ecosistemas de la provincia, impactando a miles de familias que dependen de esos territorios para su subsistencia.
En este contexto, el deporte adquiere una relevancia aún mayor, porque puede convertirse en una herramienta de transformación social.
Cada joven que encuentra en una cancha, una pista o un gimnasio una oportunidad de desarrollo, también se aleja de la deserción escolar, la pobreza o la posibilidad de ser parte de grupos de delincuencia organizada.
Por todo esto, la participación destacada de Piero Hincapié y Willian Pacho debe ser analizado más allá de una hazaña deportiva.
Su presencia en una final europea demuestra el enorme potencial humano que existe en Esmeraldas, pero también expone la deuda histórica que el Estado mantiene con una provincia que sigue siendo semillero de talento a pesar de las condiciones adversas que enfrenta.
Esmeraldas seguirá formando deportistas excepcionales. Eso no está en duda. Lo que sí está por verse es si el Estado será capaz de crear las condiciones necesarias para que esos talentos no solo aparezcan de manera aislada, sino que puedan desarrollarse, multiplicarse y sostenerse en el tiempo.

